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HERRAMIENTAS

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24 de Marzo - A 31 años del Golpe oligárquico militar
La derrota y sus lecciones
Por Hugo Presman
Publicado digitalmente: 25 de marzo de 2007

Treinta años no son nada en la historia de un país y el 40% de la vida humana promedio. El 24 de marzo de 1976 implica el recuerdo doloroso del ingreso al horror, el día inicial que profundizó los años de plomo. La noche y niebla vernácula. El intento criminal de establecer un nuevo modelo económico implantado con tracción a sangre. El puntapié inicial de una enorme derrota cuyas consecuencias persisten en la vida cotidiana. El propósito eficaz de liquidar un modelo económico arrasando con las posibilidades de resistencia, para lo cual había que terminar con los delegados gremiales combativos, luchadores sociales, estudiantes radicalizados, jóvenes con inquietudes sociales, guerrilleros, simpatizantes, sospechosos de serlo, aplicando la metodología del asesinato encubierta baja la tenebrosa figura del “desaparecido”. El Estado se convirtió en terrorista, aplicando el secuestro y la tortura sistemática, y su justicia, sin posibilidades de defensa, se impartía en las mazmorras de los campos de concentración. Las sentencias eran cumplidas sepultando a los condenados en tumbas colectivas, quemando en otras los cadáveres o arrojándolos vivos al mar o al Río de la Plata.

Cualquier persona medianamente informada sabía que en caso de golpe, el futuro sería tenebroso. Circulaba un rumor que tenía envergadura de certeza: en el horizonte se avizoraba una réplica del pinochetazo, cuyas atrocidades eran ampliamente conocidas de éste lado de la cordillera. El golpe se anunció con precisión matemática, a noventa días de perpetrarse el asalto nocturno. Lo hizo Jorge Rafael Videla, desde Tucumán, en la Nochebuena de 1975. Con el mismo desparpajo, en una sociedad que había devaluado el valor de la vida, el futuro carnicero adelantó, el 10 de octubre de 1975, desde Montevideo: “Si es preciso, en la Argentina deberán morir todas las personas que sean necesarias para lograr la paz del país”.

Los asesinos ejecutarían, con precisión, luego del 24 de marzo, sus pronósticos y advertencias.

Antes del 24 de Marzo

La Argentina añorada por los sectores conservadores del país es la que se extiende entre 1880 y 1930. Esa especie de Arabia Saudita agropecuaria, con ganaderos que tiraban manteca al techo en París y peones famélicos, que viajaban en barco a Europa acompañado de una vaca para alimentar con leche fresca a sus párvulos. En la ciudad que vale mucho más que una misa, se decía “Tan rico como un argentino”. Esa oligarquía era librecambista, anti industrial, xenófoba, capitalista, pero no burguesa, en la medida que no reinvertía el excedente, profundamente dependiente de Inglaterra en lo económico y de Francia en lo cultural. Las crisis del capitalismo mundial ( la primera guerra mundial, la crisis de 1929) les obligó a adoptar medidas proteccionistas que le repugnaban desde el punto de vista ideológico. Demostrando un enorme pragmatismo no vacilaron en aplicarlas.

A la vera, entonces, de sucesos mundiales que no podían manejar, nació una incipiente industria de sustitución de importaciones. Con ella llegaron dos nuevos actores: una burguesía nacional endeble, ideológicamente alienada a la oligarquía, sin un proyecto integral de país y una nueva clase obrera surgida de las inmigraciones internas. Perón consolidó el modelo, y al tiempo que realizaba una notable redistribución de ingresos, integraba a la clase obrera, fortificaba la industria con transferencias de ingresos del sector agropecuario y realizaba la política de una burguesía nacional cuya miopía le llevaba en franjas importantes a oponerse, irritados por la legislación laboral y por los límites al derecho de propiedad que le imponía el delegado obrero. Todo ello fue posible, por la existencia de un Estado poderoso que actuaba como redistribuidor y mediaba en los conflictos.

Desde el 16 de septiembre de 1955 se intentó desmantelar este modelo. Que no se iban a reparar en los medios, quedó claramente reflejado en el bombardeo a Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955. Los que se presentaban como democráticos, la oligarquía, sectores importantes de la burguesía nacional y sectores mayoritarios de la clase media y de las fuerzas armadas no podían resolver la cuadratura del círculo: llamar a elecciones y que no ganara el peronismo.

El golpe del 28 de junio de 1966 fue otro intento serio de desmantelamiento del modelo, especulando con un gobierno a veinte años, período en que se suponía que la muerte acabaría con Perón exiliado en España. La intervención de la Universidad radicalizó a los estudiantes que fueron desalojados de su isla democrática. El cierre de los ingenios convirtió a Tucumán en un polvorín. Eran dos de los focos de conflicto que las torpezas de Onganía en representación de las Fuerzas Armadas potenció a niveles superlativos.

La destrucción del modelo de sustitución de importaciones tenía dos limitaciones importantes: las Fuerzas Armadas penetradas por el liberalismo conservaban, fuertemente arraigada, la convicción que muchas empresas estatales era funcionales a la seguridad nacional y se oponían a la privatización. El otro bastión de resistencia eran las organizaciones sindicales.

La confluencia de los obreros mejores pagos de Córdoba con los estudiantes universitarios y la mayoría de la población cordobesa terminó con Onganía y mandó a la autodenominada Revolución Argentina a terapia intensiva. A Roberto Levingston lo desplazó un segundo cordobaza. Lanusse, su sucesor, intentó negociar con Perón en una partida de ajedrez histórica que concluyó con su amplia derrota. El país había cambiado. Manifestaciones inscriptas en una excepcional politización, traducidas en una sucesión de azos, rosariazo, mendozaso, rocazo, junto con la aparición de organizaciones guerrilleras concluyeron en el triunfo de la fórmula Cámpora- Solano Lima. Alejandro Agustín Lanusse sólo pudo proscribir a Perón, por la cláusula de residencia, situación que se solucionó en las elecciones del 23 de septiembre.

El período que va del 25 de mayo de 1973 al 1 de julio de 1974, es el último intento de mantener la equidad en la distribución y la integración social en la sociedad más desarrollada y culta de América Latina.

El modelo de sustitución de importaciones exteriorizaba considerables grados de agotamiento. La capacidad productiva no acompañaba el proceso distributivo. La sociedad se había complejizado, las tensiones sociales se agudizaron, los movimientos guerrilleros se convirtieron en patrullas perdidas y aisladas. La muerte de Perón marcó el final de la época iniciada en 1945.

La pendiente hacia la catástrofe

La violencia y los muertos se acumularon en un conflicto demencial entre La Triple A organizada por López Rega y las organizaciones guerrilleras. El gobierno de Isabel, en medio de un país que se incendiaba en una lucha por la distribución del ingreso, sancionó la Ley de Contrato de Trabajo y nacionalizó las bocas de expendio de los combustibles. A su vez, jaqueada por el establishment, implementaba la política exigida por este, mediante el Rodrigazo. La resistencia de los sindicatos y de la población en general, terminó con Rodrigo y López Rega. El Operativo Independencia para terminar con el foco guerrillero de Tucumán, adelantaría los métodos futuros: la escuelita de Famaillá sería el primer campo de concentración.

La clase media se espantó por la violencia y el desorden que se traducía en la violencia política, en la disparada de precios y el desabastecimiento. La ineptitud de Isabel acentuaba el cuadro. Sin embargo no sería derrocada por los numerosos defectos de su gobierno, sino por sus escasas virtudes y por el remanente de soberanía popular que representaba.

Durante este período se produjeron mil seiscientas muertes políticas, la mayor parte de ellas, asesinatos.

El fantasma de control de los movimientos guerrilleros que se esgrimía en febrero de 1976 era falso. La guerrilla estaba militarmente derrotada al 24 de marzo luego de haberse auto aislado políticamente. En 1998 esta afirmación fue confirmada por Wayne Smith agregado de la Embajada Norteamericana en nuestro país en aquellos años, quien sostuvo: “La embajada jamás consideró que había una gran amenaza terrorista. Los militares argentinos eran quienes pensaban que estaban librando la primera batalla de la tercera guerra mundial. Para mi eso siempre fue una tontería”. Y de esto la Embajada Norteamericana sabe bastante. Horacio Verbitsky publicó en Página 12, el 4-12-2003, documentos desclasificados del Departamento de Estado: “El 7 de octubre, (1976) Guzzetti visitó a Kissinger en su suite del Waldorf Astoria de Nueva York. El clima fue de abierta camaradería y el embajador argentino ante las Naciones Unidas, Carlos Ortiz de Rosas, opinó incluso sobre el proceso electoral estadounidense, en favor de Ford y en contra de Carter. Kissinger criticó la posición de Carter, quien en un debate con Ford había objetado la ayuda de Estados Unidos a Arabia Saudita e Irán y se dirigió a Guzzetti en forma jocosa: “Tienen suerte que no mencionó a la Argentina. Ya los va a agarrar en el próximo debate. El consuelo es que sólo faltan tres semanas” (para las elecciones del 2 de noviembre). La trascripción del Departamento de Estado acota “Risas”. Guzzetti aprovechó para pasar su mensaje: “Recordará usted nuestra reunión en Santiago. En los últimos cuatro meses nuestra lucha ha tenido muy buenos resultados. Las organizaciones terroristas han sido desarticuladas. Si las cosas siguen en el mismo sentido, antes de fin de año habrá pasado el peligro. Siempre habrá intentos aislados, por supuesto”. Kissinger preguntó si para la próxima primavera boreal, que empieza a fin de marzo, todo habría terminado. Guzzetti le respondió que ello ocurriría “antes de fin de año”.

La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas estableció que la mitad de los detenidos-desaparecidos fueron secuestrados después de esa fecha. Esto ratifica que la represión clandestina se abatió sobre un alto número de personas que no participaban en las organizaciones armadas, de acuerdo con la consigna del general Ibérico Saint Jean: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, luego a los indiferentes y por último a los tímidos”.

Voces del 23 de Marzo de 1976

Es inminente el final, todo está dicho”. Titulo catástrofe del diario La Razón

La culminación de un Proceso”. título interior Diario Clarín

Mañana volveremos a encontrarnos con la presidente y el gabinete. Para mi todo es normal. El gobierno no se negocia. No es cierto que haya ultimátum. ¡Juéguense por nosotros! ¡Pagamos dos con diez!”. Dirigente metalúrgico Lorenzo Miguel

El director del Cronista Comercial, actualmente desaparecido Rafael Perrota le advirtió a uno de los secretarios de redacción, el autor teatral Roberto Cossa, según cuenta Alberto Dearriba en su libro El Golpe: “Ustedes no tienen idea de lo que va a pasar en este país”.

Señora, las Fuerzas Armadas han decidido tomar el control político del país y usted queda arrestada”. General Villareal

Correrán ríos de sangre cuando el pueblo se entere y salga a defenderme”. Isabel Perón

Voces posteriores al 24 de Marzo

Solo los corruptos, los criminales y los subversivos, tendrán que temer a la nueva autoridadComunicado oficial.

Un terrorista no es solo el portador de una bomba o una pistola, sino también quién difunde ideas contrarias a la civilización cristiana y occidentalVidela a The Times 4-01-1978.

Las guerras sucias nunca se pelean con guantes blancos....Hemos usado con los terroristas los mismos métodos drásticos que ellos habían empleadoAlfredo Martínez de Hoz a Martín Andersen Dossier Secreto El mito de la Guerra Sucia”.

Primero mataremos a todos los subversivos, luego a sus colaboradores, después a los simpatizantes, luego a los indiferentes; y por último a los tímidosGeneral Ibérico Saint Jean, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Mayo de 1977”.

En la Perla, los subversivos estaban ahí para resguardarse de sus paresLuciano Benjamín Menéndez Revista Gente 15-03-1984.

Los vuelos fueron comunicados oficialmente por Mendía ( vicealmirante de la Armada), pocos días después del golpe militar de marzo de 1976. Se informó que el procedimiento para el manejo de los subversivos en la Armada sería sin uniforme y usando zapatillas, jeans y remeras. Explicó que en la Armada no se fusilarían subversivos ya que no querían tener los problemas sufridos por Franco en España y Pinochet en Chile. Tampoco “se podía ir contra el Papa” pero se consultó a la jerarquía eclesiástica y se adoptó un método que la Iglesia consideraba cristiano, o sea que la gente despega de un vuelo y no llega a destino.

Ante las dudas de algunos marinos, se aclaró que “se tiraría a los subversivos en pleno vuelo. Después de los vuelos, los capellanes nos trataban de consolar recordando un precepto bíblico que habla de separar la hierba mala del trigal” Arrepentido Adolfo Scilingo.

Entre esos cinco mil desaparecidos, puede haber errores. Aquí libramos una guerra y para vencerla hubo que adoptar medidas drásticas. Quizás nos equivocamos, pero al final, y eso es lo que importa, vencimosGeneral Ramón Camps a la revista La Semana enero de 1984.

Tengo la sensación de que finalmente la Argentina tiene un régimen que comprende el sistema de empresa privada.” David Rockefeller.

“Martínez de Hoz es el arquitecto de lo que puede llegar a ser una de las recuperaciones económicas más destacadas de la historia modernaRonald Reagan.

El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.

Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo….. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada… Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas. Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.” Rodolfo Walsh Carta Abierta a la Junta Militar 24-03-1977

La derrota y sus lecciones

Un Perón, viejo y enfermo intentó y durante su presidencia lo consiguió en gran medida, contener una sociedad de elevada confrontación. El avance de masas fue decayendo. Su muerte desató una lucha que espantó a la clase media que se sumó decididamente al golpe. Los sectores económicos en forma casi unánime propulsaron el 24 de marzo, que debía cumplir las tareas inconclusas de 1955 y 1966. Los Montoneros cometieron un grueso error de apreciación política y se fabricaron un Perón inexistente, soñándolo socialista. Sus padres, gorilas, lo habían denostado por fascista. El paso a la clandestinidad en septiembre de 1974, hoy ha sido reconocido como una equivocación trágica por algunos de los dirigentes montoneros sobrevivientes.

Se enfrentaron a Perón el 1 de mayo de 1974, siguiendo un mal diagnóstico, a sesenta días de su muerte. Antes lo habían provocado con el absurdo asesinato de José Rucci, a dos días de haber triunfado la formula Perón- Perón con el 62,7 % de los votos.

A medida que los fierros reemplazaban a la política, se sumergían en un aislamiento político y se convertían en una banda armada. Interiormente, los dirigentes más lucidos políticamente eran relegados por los que manejaban mejor y mas audazmente las armas. Sobrestimaron sus fuerzas, creyendo erróneamente que podían enfrentar en igualdad de condiciones a un ejército. La consigna de “cuando peor, mejor” fue funcional a los intereses de los golpistas.

Esta vez el asalto al gobierno no tendría limitaciones en los medios utilizados. Como bien dice Pilar Calveiro en “ Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los 70”: “Era necesario emprender una operación de “cirugía mayor”, así la llamaron. Los campos de concentración fueron el quirófano, donde se llevó a cabo dicha cirugía; también fueron, sin duda, el campo de prueba de una nueva sociedad ordenada, controlada y, sobre todo aterrada”. A treinta años de estos hechos, es importante cambiar el ángulo de análisis. Las Fuerzas Armadas no pusieron a José Alfredo Martínez de Hoz. Fue el bloque de intereses económicos que representaba Martínez de Hoz el que colocó a Videla de Presidente. Fueron los inspiradores intelectuales de las atrocidades cometidas por las Fuerzas Armadas. Los que usufructuaron los negocios, el desmantelamiento industrial, los que configuraron la Patria Financiera. Los que hipotecaron el país, dejando con la deuda externa, un ejército de ocupación que colocó una soga al cuello del país. A cambio, el dólar barato le permitió a gruesas franjas de las clases medias creer que accedían al primer mundo, aunque más no sea, en su condición de turistas.

Los ejecutores de la masacre fueron juzgados y su poder político quedó reducido a cenizas. Los autores intelectuales permanecieron detrás de la escena, y nunca los alcanzó ni la justicia ni el juicio público. Por eso su poder continúa incólume. Se subieron al gobierno de Alfonsín, al que le estalló en las manos los retazos del modelo de sustitución de importaciones, inmovilizado por sus limitaciones, sus ingenuidades y un estado anémico y gordo corroído por la Patria Contratista.

La hiperinflación disciplinó a una sociedad que en sus genes le habían inoculado el miedo a la política, como instrumento modificador de la sociedad y los comportamientos sociales. Con Menem y Cavallo, se completaría, ahora con apoyo popular, todo lo que en economía dejó pendiente la dictadura criminal. Se aplicaría nuevamente “cirugía mayor, sin anestesia”.

Así en 1995, a cuarenta años de la Revolución Libertadora, se completaba la liquidación del modelo de sustitución de importaciones y se descuartizaba el Estado de Bienestar. Se archivaba el desarrollo industrial y con ello se reducía considerablemente “el monstruo que anidaba en sus entrañas”: la clase obrera Los ganadores siguen siendo los mismos, con beneficiarios alternativos dentro del bloque dominante. El modelo de economía abierta, privatizaciones, empate monetario, reducción liliputiense del Estado, el mercado como distribuidor de ingresos se agotó en una década, y concluyó en la mayor crisis económica de la historia argentina, que ha modelado una sociedad Belindia, con desigualdades desgarradoras y un alto grado de fragmentación social. El costo infinito de la destrucción de un modelo y su reemplazo por otro depredador, queda reflejado con nitidez que el PBI per cápita: el del 2005 es igual al de 1975. Muchos de los integrantes del elenco estable del establishment hoy agachan la cabeza con Kirchner, mientras sus bolsillos engordan desmesuradamente. Sin embargo, no les gusta ni el trato ni el discurso del santacruceño, y esperan, pacientes, el momento de presentarle las facturas.

La dictadura criminal triunfó ampliamente y muchos de sus valores deleznables se incorporaron a la vida cotidiana. La mano dura, el desprecio hacia el otro, la discriminación, el miedo, la peregrina aseveración que defender la aplicación de la justicia para el que delinque es estar a favor de los delincuentes, la idea que los problemas sociales y de seguridad se los combate con el endurecimiento de las penas del código penal, la prefiguración de un orden basado en los silencios y la obediencia, el denuesto de la protesta. El privilegiar al consumidor sobre el ciudadano, y luego llevarlo a la condición de desocupado con lo que se redondea una exclusión total. La concepción que el derrotado en el mercado es alguien que merece su suerte y debe ser abandonado como exteriorización de su fracaso. El haber dejado como Caballo de Troya la deuda externa y los planes económicos de devastación y hambre, que vaciaron la democracia y pulverizaron las representaciones políticas. Una democracia edificada sobre una derrota bélica.

A treinta años de una tragedia, de la que posiblemente la mayor parte de la sociedad fue cómplice y víctima, el debate de los años de plomo se presenta como imprescindible. El mismo debe incluir los groseros errores del campo popular. Lentamente, se ha ido exponiendo la militancia de muchos desaparecidos, dejando de presentarlos como desaparecidos “apolíticos”. Su adscripción política permite colocarlo en la verdadera categoría de luchadores políticos y por lo tanto sujetos a una revisión de los métodos y fines que persiguieron y utilizaron. Si estas líneas sirven como un disparador para ese debate, su escritura se habrá justificado.

Hugo Presman
Periodista
Buenos Aires, 25 de marzo de 2007.


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