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"Soldado argentino: si tienes entre 18 y 90 debes defender los intereses extranjeros"

La Nación justifica la entrega de la Nación
Por El Equipo
Publicado digitalmente: 13 de marzo de 2007

En la edición del pasado 5 de marzo, el diario La Nación publicó una editorial que resultaría curiosa si no fuese que, justamente, fue publicado por el centenario periódico, portavoz de intereses muy poco claros.

El foco de la declaración oficial del diario fue la consideración de “absurda” de la nueva hipótesis de conflicto que elaboró el Ministerio de Defensa hasta el año 2025, fundamentada en la protección de los recursos naturales nacionales. Según La Nación, pensar que un agente externo tiene interés en quedarse con recursos no renovables de la Argentina, es una fantasía.

La Nación se muestra molesta porque ahora las Fuerzas Armadas no tienen ninguna hipótesis de conflicto regional, lo cual traducido, Argentina no piensa ir a la guerra contra Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia o Chile. Resulta extraño teniendo en cuenta que con Paraguay ni con Chile hay más disputa por fronteras, y más extraño aún es considerar que las Fuerzas Armadas deberían atacar por tierra, agua y aire los mosquitos de dengue que puedan llegar de Brasil. Tal vez, La Nación teme que Uruguay invada a la Argentina con un ejército de vacas blindadas como medida extrema para resolver el conflicto por la papelera de Fray Bentos.

De todos modos, puede que no le falte cierta razón a La Nación si planteara una hipótesis de conflicto en la región, teniendo en cuenta que en la Triple Frontera, del lado de Paraguay, están instalados un grupo de marines de los Estados Unidos, junto a una estación satelital de monitoreo y otra estación de la CIA. O bien el Pentágono tiene razones geostratégicas sobre los recursos naturales minerales, como las minas de oro de la compañía Barrick Gold, de la ex presidente y jefe de la CIA, George H. Bush, es uno de los dueños, o bien es cierto que temen que los talibanes estén instalados en Ciudad del Este y Osama Bin Laden financie al terrorismo internacional con el contrabando de cigarrillos y electrodomésticos de marcas falsificadas.

Pero La Nación habla en serio, y le llama la atención la nueva doctrina porque “se ha pasado a ubicar el posible enemigo o agresor en otro plano internacional” y: “En la nueva concepción, el enemigo sería otra gran potencia impulsada por la necesidad de dominar las fuentes de determinados recursos naturales cada vez más escasos”. Traducido: para La Nación es ridículo pensar que una potencia como Estados Unidos sea capaz de cometer la atrocidad de ir a la guerra por recursos naturales, cosa que, como pareciera que jamás sucedió para los ojos de La Nación, no puede suceder. En definitiva no es el gas de Afganistán ni el petróleo de Irak lo que hizo que Estados Unidos invada Oriente Medio, sino la férrea voluntad de Bush de llevar la paz a los oprimidos del mundo.

Fundamentalmente sobre un tema denunciado en decenas de ocasiones por Investigaciones Rodolfo Walsh, el diario de los Mitre señala como caso paradigmático las reservas de agua potable del Acuífero Guaraní, donde justamente del lado del Paraguay, están asentados efectivos militares de Estados Unidos, y en la porción argentina, casi toda está en manos de Douglas Tomkins, como protector ecologista, denunciado en 1999 ante el Ministerio del Interior como miembro de la CIA.

La “fantasía” de que una potencia, o varias, pretendan apropiarse de estos recursos es vista por La Nación como el delirio de “sectores que históricamente han esgrimido posiciones antiimperialistas y nacionalistas”. Cabe preguntarse a qué nación refiere el nombre “La Nación”. ¿A la nación argentina? Este acto de sinceridad muestra como "La Nación" es antinacionalista.

Pero La Nación no se queda en este punto: en defensa del modo cristiano occidental de vida, esta posición antiimperialista llegó a la locura de engendrar legislaciones que atentan contra la “propiedad privada” (de otro país en nuestro país).

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Segun La Nacion, a las potencias extranjeras no les importan los recursos naturales

Al igual que Douglas Tomkins, La Nación ridiculiza la idea de comercializar el agua potable por el costo que esta tendría. Tomkins la considera inviable porque no piensa embotellarla como sí hace la francesa Perrier, que lleva siete años de crecimiento consecutivo de sus exportaciones. Mucho menos, que dichos recursos acuíferos sean utilizados para el regadío de las plantaciones destinadas a la producción de etanol, el principal acuerdo firmado por George W. Bush y Lula Da Silva, o los millones de litros que se necesitan evaporar para la minería.

Descaradamente, La Nación califica a la nueva doctrina de las Fuerzas Armadas como el “espíritu antimilitar que exponen algunos integrantes del gobierno nacional” que “desvirtúa aún más las funciones y el rol de las Fuerzas Armadas” (¿los golpe de Estado?), y haciendo caso a la máxima de Keynes, que a largo plazo todos estamos muertos, pues entonces para La Nación el futuro no importa. Y hablan por si solos: “No parece tener sentido preocuparse de que alguien en el futuro se lleve nuestros acuíferos, esteros, lagos o lagunas”. Obviamente, no hace mención a la utilización militar que se le da al barro del Iberá.

Editorial de La Nación Del 5/03/07

Absurda hipótesis de conflicto

La ministra de Defensa, junto con la conducción del Ejército, ha expuesto los lineamientos de la función proyectada para esa fuerza para el año 2025 como un giro doctrinario en la política de defensa nacional, basada en un cambio drástico en las hipótesis de conflicto.

En los 18 años que nos separan de esa fecha debería transitarse por transformaciones claramente orientadas hacia nuevas funciones y objetivos ahora definidos. Como eje esencial del rol que en el futuro se imagina para el Ejército, se ha puesto énfasis en la defensa de las amenazas externas sobre los recursos naturales.

Parece descartarse toda hipótesis de conflicto de carácter regional y se ha pasado a ubicar el posible enemigo o agresor en otro plano internacional. En la nueva concepción, el enemigo sería otra gran potencia impulsada por la necesidad de dominar las fuentes de determinados recursos naturales cada vez más escasos. Se define como caso paradigmático el de las reservas de agua dulce, y dentro de ellas, el del Acuífero Guaraní, el monumental reservorio de agua que abarca alrededor de 1.190.000 kilómetros cuadrados bajo el territorio de la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Uno de los primeros pasos dentro de la nueva estrategia ha sido, no por casualidad, el traslado del comando del II Cuerpo del Ejército desde Rosario hasta Curuzú Cuatiá.

La amenaza de la captura de las reservas de agua dulce es un tema que ha prendido fuertemente en algunos grupos ecologistas y en sectores que históricamente han esgrimido posiciones antiimperialistas y nacionalistas.

Ultimamente se ha alegado este tipo de amenazas para justificar acciones contra la propiedad extranjera de las tierras que dan acceso a esas reservas, lo cual ha originado la presentación de propuestas legislativas y de expropiación con el objetivo de limitar a quienes desaprensivamente "pretenden apropiarse de nuestras riquezas naturales". No puede dejar de recordarse el lamentable episodio que protagonizó del ex subsecretario de Tierras para el Hábitat Social Luis D Elía, quien ingresó en una propiedad privada en los Esteros del Iberá, en la provincia de Corrientes, justificando su actitud patotera como "un acto de dignidad y soberanía". No es fácil olvidar tampoco que tal actitud fue pasivamente aceptada por las autoridades y no pocos exponentes de la política vernácula.

Quizá resulte importante destacar que no es aún económica ni técnicamente sustentable la hipótesis de la apropiación del agua de lagos, esteros, glaciares o acuíferos interiores para su transporte a otras partes del mundo como remedio para su escasez. Siempre será más conveniente obtener agua dulce de las desembocaduras en las que fluyen enormes caudales de agua dulce que se desperdician sin beneficio alguno. Por ejemplo, el Río de la Plata vuelca alrededor de 35.000 metros cúbicos por segundo al océano Atlántico, que alcanzarían para el consumo de tres veces la población mundial. Es el agua que tomamos en Buenos Aires con un tratamiento simple y económico. Si la Argentina pudiera por ello cobrar algún derecho a barcos que abrieran sus esclusas y se la llevaran, tendríamos la oportunidad de una exportación enormemente atractiva e inagotable. No tendría sentido llegar a los Esteros del Iberá y, menos aún, bombearla desde el acuífero con el costo de energía que ello implica. Puede que en algún futuro la posibilidad de exportar agua se abra en beneficio de aprovechar ese recurso que hoy desperdiciamos.

No parece tener sentido preocuparse de que alguien en el futuro se lleve nuestros acuíferos, esteros, lagos o lagunas, sino de evitar su contaminación y propender a su conservación y uso racional. En este momento, cientos de miles de personas acceden a las aguas del Acuífero Pampeano, en la provincia de Buenos Aires, sujetas tanto a la contaminación superficial como a la de pozos negros. Una situación concreta, real, que ocurre en el presente y que sin duda excede las funciones del Ejército.

La defensa de los recursos naturales debería hacerse de un modo más inteligente: cada año desaparecen 300.000 hectáreas de bosques nativos con sus muestras representativas de recursos biológicos y genéticos que albergan la esperanza de cura para múltiples enfermedades, que contribuyen a la regulación de las cuencas hídricas, la fijación de suelos, los intercambios de gases de la masa vegetal y, en muchos casos, el valor escénico con fines recreativos.

El surgimiento de la nueva versión doctrinaria que aquí comentamos parece más bien encaminado a satisfacer un planteo ideológico que reorienta la identificación del enemigo militar en las grandes potencias. Es difícil imaginar cómo nuestro Ejército podría organizarse, equiparse y fijar su estrategia tras semejante hipótesis de conflicto, donde se prevén respuestas defensivas como la guerra de guerrillas para "hostigar a la fuerza invasora" o "la organización de la resistencia civil". Surge, por lo tanto, la duda de si no se trata de un giro doctrinario que desvirtúa aún más las funciones y el rol de las Fuerzas Armadas, en respuesta al espíritu claramente antimilitar que exponen algunos integrantes del gobierno nacional.

El Equipo
Buenos Aires, 13 de marzo de 2007.



© (2007) El Equipo
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