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HERRAMIENTAS

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Prognosis sobre Oriente Medio
Por Walter A. Moore
Publicado digitalmente: 8 de enero de 2007

(Questión Latinoamericana) El resultado de la Invasión Israelí al Líbano ha establecido un hito en el tablero de fuerzas internacional, un quiebre estratégico del poder que controla al mundo, uno de cuyos aspectos más relevantes es que Israel ha cambiado de categoría: de “jugador” se ha convertido en “ficha”, en el juego de poder mundial, y el “campeón mundial”, Estados Unidos, ha tenido una importante pérdida de puntaje que lo impulsa hacia ligas menores.Es paradójico que el mito del débil que vence al gigante tenga su origen en el pueblo judío, ahora Goliat derrotado por el David libanés.

Este resultado no es otro que la expresión local de las nuevas fuerzas que regularán las actividades significativas del Siglo 21, anticipadas en 1973 por el libro de Ernst Schumacher "Lo pequeño es hermoso" que, en el campo bélico, se expresan en el concepto de “Guerra Asimétrica” (asymmetric warfare) con el cual el ejército de la Resistencia Libanesa Hezbollah, organizado en forma de guerrillas, ha derrotado a la “Guerra Relámpago” (blitzkrieg) del Comando Conjunto hebreo.

Las “cuatro formas de guerra”[1], estuvieron presente en esta larga batalla, y en todas Israel fue derrotado: en la Guerra Física, en la Guerra Política, en la Guerra Económica y en la Guerra Psicológica.

La derrota en la Guerra Física

La blitzkrieg fue desarrollada por el Ejército Alemán después de su derrota en la 1ª Guerra Mundial, y se basa en el uso masivo de la aviación y los tanques para un rápido avance para tomar posesión del terreno y luego eliminar lo que se denominan “lagunas de resistencia”. Esa fue la estrategia elegida por el Alto Mando hebreo, repitiendo lo que habían hecho en sus seis guerras anteriores contra las fuerzas árabe-islámicas.

La estrategia de resistencia que triunfó fue la del “Ejército de Guerrillas”, que derrotó a Estados Unidos en Vietnam, después de derrotar antes al Ejército Colonial francés. Usando armas de mano y una elaborada red de túneles con una adecuada acumulación previa de armas, municiones, alimentos y atención médica. El Estado Mayor de la Resistencia Libanesa Hezbollah se preparó cuidadosamente para el tipo de guerra previsible que utilizaría Israel y lo combatió sabiendo que infligiendo una derrota en el campo de batalla le daría amplia ventaja en los otros tres frentes de lucha.

El objetivo central de Hezbollah era debilitar en forma significativa la estructura bélica actual de Israel, y previó todas sus actividades, eligiendo acertadamente los frentes de batalla donde mejores posibilidades tenía, a saber:

No se opuso a la Fuerza Aérea Israelí, pues una defensa antiaérea eficaz es muy difícil de lograr con aviones tan sofisticados como los bombarderos F4 Phantom, los F15 Eagle y los F16 Falcon (estos últimos cuestan cada uno 34,3 millones de dólares) para mencionar sólo los que les proveyó Estados Unidos. Israel cayó en la trampa y bombardeó a poblaciones indefensas de las grandes ciudades, y en ningún caso pudo probar que entre los 1.100 de cadáveres (el 30% son niños) y de hombres, mujeres libaneses que dejaron estos ataques (además de 4.000 heridos) hubiera un solo miembro de Hezbollah, motivo por el cual Israel enfrenta el estigma internacional del Genocidio Libanés. Tampoco pudieron anunciar la destrucción de ningún arsenal de Hezbollah y para colmo, en dichos ataques mataron a soldados del Ejército del Líbano a quien Israel supone que pueden ser rivales de Hezbollah, pero ellos, lejos de atacarlos protegen, alimentan y curan a sus parientes y también a los atacados por Israel.

Los guerrilleros libaneses organizaron una eficaz contraofensiva basada en el lanzamiento masivo de misiles de corto alcance. La mayor parte del arsenal de Hezbollah está compuesto por unos 13.000 misiles Arash iraníes, que tienen un alcance de 20 kilómetros, los Arash miden menos de dos metros de largo son fáciles de operar, fáciles de esconder y de reponer.

También cuenta con 500 misiles Farj-3 y Farj-5, que con un alcance de 45 y 75 kilómetros y varias docenas del Zelzal-2, de fabricación iraní, que tiene un alcance de 200 kilómetros y una ojiva de 400-600 kilos. Además de los misiles iraníes contra barcos C-802, una variación del misil chino "silkworm" de un alcance de 120 kilómetros, con los que hundieron las fragatas israelíes.

Hezbollah acumuló estos misiles durante los años que transcurrieron desde el final de la controvertida ocupación israelí del sur del Líbano y en esta batalla contra Israel lanzó aproximadamente 4.000 en total.

Desarrolló una eficaz defensa costera, que fue capaz de hundir a una o dos fragatas misilísticas de última generación, modelo Saar-5 de las cuales Israel sólo poseía tres, con sus 77 tripulantes y hundió frente a las costas de la ciudad de Sor dos barcos del modelo Super Débora con varios de sus tripulantes. Esta contraofensiva libanesa detuvo en gran medida los bombardeos navales.

Hezbollah ganó la batalla terrestre en forma contundente. El resultado para Israel fue demoledor. Después de 33 días de combates con su “Ejercito Digitalizado” constituido por 25.000 soldados profesionales más 15.000 reservistas y el armamento más moderno del mundo, un informe del Estado Mayor al Gobierno indica que desde el 12 de Julio hasta el 7 de Agosto, murieron 343 soldados, a los que deben sumarse 40 civiles muertos y 600 heridos por los misiles que Hezbollah descargó sobre el norte del territorio Israelí. Entre estos muertos se cuentan 5 tripulantes de un helicóptero derribado cerca de la localidad de Yater por un nuevo misil llamado “Waad” (promesa en árabe) recientemente incorporado al arsenal del ejército gerrillero.

Hezbollah dispone de modernas bazucas antitanque de fabricación rusa, en especial el modelo RPG-29 Vampiro de “carga hueca en tandem”, diseñada para perforar los “blindajes reactivos” de los tanques Merkava de producción israelí, de los cuales destruyeron 118 (casi un 20% de todo su arsenal) a pesar de que eran considerados invulnerables por su sistema de “blindaje reactivo” (calificado como el mejor del mundo) diseñado para rechazar cohetes antitanques. Además 46 Merkavas fueron dañados de manera que su reparación es difícil y también destruyeron 96 excavadoras, además de vehículos para transporte de tropas.

Una dimensión del esfuerzo que demandó la ofensiva israelí es la declaración de que sus fuerzas consumieron el 90% de las municiones provistas inicialmente, motivo por el cual se tuvieron que utilizar reservas y transportes militares guardados desde hace décadas.

La derrota en la Guerra Política

Una de las hipótesis manejadas por los servicios de inteligencia israelí se basaba en la ruptura del frente interno del Líbano, impulsando a los grupos cristianos armados y del ejército regular a atacar a Hezbollah en el norte del Líbano, con la esperanza de obtener réditos frente a los invasores triunfantes en su guerra relámpago. Pero, si hubo algún movimiento en ese sentido, quedo desactivado ante el fracaso de la ofensiva, y el bombardeo indiscriminado de muchas partes de Beirut, proceder que eliminó todo posible apoyo masivo a esta ilusión de los atacantes.

Hezbollah mostró que su hipótesis política era inconmovible: Primero desarrolló su acción social resolviendo problemas de fondo a los sectores más pobres (y numerosos) de la sociedad libanesa, al mismo tiempo se constituía como un partido político que accionaba legalmente, y organizaba su estructura de combate como un ejército disciplinado de guerrillas, con armamento y tácticas adecuadas para enfrentar a un ejército regular. Al mismo tiempo que aseguraba así su retaguardia, mimetizando todo su armamento dentro de la sociedad civil, trabajaba empeñosamente para construir una maraña subterránea en el terreno que sabían que ocuparía Israel.

Su victoria política resultó contundente. El Ejército Libanés ni siquiera se plantea enfrentar a Hezbollah, toda la sociedad libanesa se alineó detrás de ellos, olvidando las rencillas políticas y religiosas, y les creyó cuando les prometió reconstruir lo desbastado. Hezbollah siempre cumplió lo que prometió.

En Israel sucedía todo lo contrario, comenzó una caza de responsables de la derrota, pues el apoyo a la guerra daba por descontado que la guerra sólo les traería ventajas, pero no sufrimientos. Tanto las alas derecha como izquierda de la política local se disponen a destrozar al gobierno derrotado, buscando reemplazarlos en el poder, mientras ellos se defienden con bravuconadas sobre una nueva escalada bélica que seguramente agrandaría el desastre al incorporar a otros países a la pelea.

En este contexto, únicamente el shock postraumático de la derrota puede hacer inteligible las declaraciones en Italia de la Ministra de Relaciones Exteriores israelí que afirmó: “Si Hezbollah se desarma podrá formar parte de la vida política del Líbano”. Sería el caso único que el perdedor de una guerra le impone condiciones al ganador, sobre todo si este logró con su victoria el inequívoco apoyo de millones de habitantes del Medio Oriente y de sus gobiernos, algunos por afinidad de ideas y otros por temor a que se formen en sus países organizaciones que sigan el ejemplo organizativo de los vencedores.

Como socios oficiales de Israel en la aventura, los poderosos allegados al Presidente Bush, también han salido malparados políticamente, pues la derrota del Líbano retrasa y complica los planes de ataque contra Irán y Siria programados en la Casa Blanca, que comenzaban con la destrucción de Hezbollah y el control del Líbano. En cambio, ahora la influencia de Irán y Siria se incrementa en el mundo musulmán.

Asimismo la victoria de Hezbollah, fuerza armada de los chiitas, cambia la relación de fuerzas en Irak, donde este grupo religioso fue puesto por los Estados Unidos a cargo del gobierno, y ahora está siendo jaqueado por la resistencia sunita y los guerrilleros chiítas del Ejército de Al Mahadi encabezado por Muqtada al Sadr, líder religioso opuesto al gobierno actual, que cuenta con 30 diputados y cinco cargos en el gabinete, situación política similar a la de Hezbollah en Líbano, con lo cual no puede caracterizarse al actual gobierno como chiita, sino simplemente como una nomenklatura cipaya de los Estados Unidos.

A esto se suma que los enemigos de Israel dentro de Estados Unidos tienen ahora más motivos para oponerse a las grandes remesas de dinero, tecnología y armamento para su protegido del Oriente Medio, solamente justificada por su, hasta ahora, eficaz papel de gendarme regional.

La derrota en la Guerra Económica

Que la reconstrucción de las 15.000 viviendas destruidas en el Líbano no ofrece mayores problemas, dado el anuncio del gobierno de financiar con 30.000 dólares a cada casa destruida y con 7.000 dólares más los muebles que desaparecieron bajo las bombas de los aviones israelíes. Esta enorme inversión es posible gracias las descomunales ganancias provenientes del precio del petróleo de Irán y el prestigio ganado por Hezbollah se incrementará pues estas obras pondrán en funcionamiento a toda la industria libanesa, eliminando completamente la desocupación.

La situación de Israel es muy diferente. No sólo enfrentará demandas por reparaciones de guerra de por menos estos 37.000 millones de dólares asignados a la reconstrucción de viviendas, a los que se sumarán los costos de la reconstrucción de la infraestructura caminera y energética destrozada en Líbano, evaluados en 3.600 millones de dólares y las reparaciones por las pérdidas ocasionadas por el bloqueo, y con los antecedentes de las reparaciones que recibió los judíos por parte de Alemania es fácil que cualquier tribunal internacional les de la razón a los libaneses, configurando así una onerosa deuda externa para ese país.

También es muy improbable que la economía Israelí pueda crecer lo suficiente como para reponer las pérdidas de su ofensiva, y mucho menos que le alcance para actualizar su actual sistema de armas para adecuarlo a las nuevas capacidades demostradas por Hezbollah e Irán.

Los costos de la guerra para Israel (calculados en unos 5.000 millones de dólares por el suplemento económico The Marker, del diario hebreo Haaretz) no serán fáciles de recuperar, y a esto se sumarán los costos de reconstrucción del norte desbastado por la artillería libanesa.

Dudosamente la economía israelí distraer fondos con esos propósitos sin desatar una oleada de disconformes que afectará su estabilidad política, ya comprometida por la derrota y los errores cometidos durante y antes de las operaciones bélicas.

La actual fragilidad económica de Israel quedará al desnudo, y podemos suponer que esta aventura contra el Líbano fue un movimiento desesperado para solucionar sus insolubles problemas económicos, al perder el flujo de fondos externos que les dio origen y sostuvo al Estado de Israel desde su fundación. Repasemos la historia económica de este Estado:

De acuerdo con un reporte del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos aparecido en noviembre de 2001, la ayuda económica de ese país a Israel en los 50 años precedentes llegó a la astronómica suma de 81.300 millones de dólares, y en cada uno de los años más recientes recibió al menos 3.000 millones de dólares, más de la mitad en armamentos, entre ellos un sistema antimisiles láser de alta energía.

A esto debemos sumar otro sideral flujo de fondos provenientes de la Diáspora (o sea de los judíos que viven fuera de Israel).

Hasta que el Shá de Persia fue desalojado del poder, desde Irán llegó a Israel un flujo continuo de fondos proveniente de los beneficios petroleros de ese país.

Desde entonces, sostener la economía israelí quedó sobre las espaldas del pueblo norteamericano previo paso por el Tesoro norteamericano. Pero estas remesas comenzaron a hacerse problemáticas por las dificultades crecientes de la economía norteamericana. Un programa alternativo para obtener fondos se desarrolló para obtener el control de la enorme empresa petrolera rusa Yucos por el lobby sionista ruso. Yucos tenía entre sus planes hacer un oleoducto y gasoducto que desembocaría en Haifa para llevara a Europa la riqueza petrolera de la región rusa del Cáucaso, posibilitando que los israelíes cobraran billonarios peajes por el paso de estos combustibles hacia el mar Mediterráneo.

La detención de Mijaíl Jodorkovski y la fuga del resto del directorio de Yucos a Israel hizo entrar en bancarrota a la empresa, cuyos principales activos ahora están en manos de la empresa estatal rusa Rosneft conducida ahora por Ígor Sechin, hoy segundo ejecutivo de la Administración del presidente ruso Vladímir Putin y como éste, ex agente del KGB.

El principal activo de la Rosneft lo proporciona la ex empresa gasífera de Yucos: Yuganskneftegaz, adquirida por el gobierno ruso con maniobras semejantes a las que emplean las empresas privadas.

La Rosneft, hoy valuada en 63.000 millones de euros, organizó una alianza estratégica con sus principales compradores, la BP inglesa, la china CNPC y la malaya Petronas, estados que no son precisamente amigos de Israel. Y hoy los gasoductos rusos conforman una de las principales llaves energéticas tanto de Europa, Oriental como Occidental, lo cual asegura ciertas lealtades políticas que superan a las afinidades ideológicas o culturales.

Por este motivo, en una eventual invasión de Irán, sus activos petroleros son más necesarios para Israel que para Estados Unidos, pero para acceder a esta fuente de dinero, los israelíes debían probar que los podían conseguir ganando una primera batalla que perdieron, y que la posición de Italia, que dirige la fuerza internacional en el Líbano, favorable a Irán, dificulta cada vez más esa invasión.

Resumiendo: Es previsible que la situación económica de Israel en el corto y mediano plazo se encuentre en una severa crisis, y eso es verdaderamente peligroso para su supervivencia, pues ahora están rodeados por numerosos enemigos que encontraron la manera de derrotarlos en todas diferentes formas de la guerra, inclusive en la guerra económica.

La derrota en la Guerra Psicológica

Entre las causas de esta derrota podemos mencionar, en orden de importancia:

La creencia de los judíos de su superioridad innata, propia del Pueblo Elegido, que asume que los demás deben subordinarse a sus propósitos. Por eso imaginaron contar con un apoyo internacional que jamás llegó, sino que su acción agresiva tuvo el efecto contrario, creando una ola de indignación y desprestigio internacional aún en poblaciones y países normalmente benevolentes con Israel.

El uso que hicieron de su demoledora capacidad aérea, destruyendo blancos militarmente irrelevantes, lo cual se leyó en el mundo como la intención de destruir un país que compite comercialmente con Israel, tanto en captación del turismo como en atraer inversiones productivas en la región.

También Israel perdió la excusa de la legítima defensa, al iniciar la invasión por un motivo inventado, puesto que los soldados israelíes abatidos y capturados lo fueron en una incursión realizada por ellos dentro de territorio libanés. A la luz de estos acontecimientos recientes, las sospechas sobre la operación de inteligencia organizada para el asesinato del premier libanés Rafik Hariri, que culminó con el retiro de las tropas sirias, aparece como muy conveniente para los planes de invasión israelíes, lo cual desvía las sospechas sobre el magnicidio desde los sirios hacia los israelíes.

A esto debe sumarse la repercusión que tendrá sobre la población de Israel la equivocada evaluación de pérdidas económicas que esta acción bélica le ocasionaría a los atacantes, tanto por las pérdidas en la batalla, por la destrucción ocasionada por los cohetes de Hezbollah en el norte del país, como por el costo de la ofensiva en sí misma y la detención de la actividad económica durante por lo menos todo un mes. Hoy no se vislumbra de dónde podrá obtener los recursos para reponerse, sobre todo cuando es previsible que de ahora en más estará continuamente bajo fuego, si no retiran sus tropas del Líbano y siempre en los territorios palestinos ocupados, y tal vez en los usurpados a Siria.

Los mandos israelíes parecen haber creído su propia propaganda, que llamaba a Hezbollah “banda terrorista” en lugar de considerarlo una fuerza de defensa nacional organizada militarmente con visión estratégica y con una inserción en la población basada en acciones muy sólidas de solidaridad con las necesidades populares y de solución de los problemas en poblaciones de las cuales son parte indisoluble.

Además, los combatientes se encuentran fortalecidos espiritualmente por dos motivos muy fuertes: Defienden a su tierra y a su fe religiosa en forma simultánea. La energía que proviene de estos valores es superior a las razones esotéricas y los supuestos beneficios que obtendrían los israelíes con una guerra sin grandes costos.

Después de esta victoria, Hezbollah aparece en el escenario político de los países islámicos como el grupo político capaz de resistencia al sionismo con un accionar ideológicamente consistente, socialmente sólido, políticamente eficaz y militarmente orgánico. Esto no lo ofrece aún en Palestina la resistencia encarada por Hamas o el hoy devaluado Fatah, pero el éxito sirve de ejemplo a ambos.

La creciente influencia política de Hezbollah en las masas se traducirá en un mayor apoyo a estas organizaciones por los países islámicos, lo cual representa más recursos para su acción social, su eficacia bélica y su capacidad de reclutamiento, no sólo en el Líbano, sino en todos los países de la región.

5. ¿Qué rol jugó Estados Unidos en el conflicto?

No se puede dejar de comparar la actitud de la actual Secretaria de Estado Rice, avalando a Israel en su invasión al Líbano, con la de otra Secretaria de Estado, Madeleine Albright, que incitó a Sadam Hussein a invadir a un Kuwait demasiado autónomo para el gusto de Estados Unidos.

Hecho el trabajo sucio, Irak fue demonizado, desarmado y luego arrasado, y tampoco se puede olvidar que Sadam Hussein fue durante mucho tiempo el principal aliado laico de Occidente en su confrontación con Irán. Y los que piensan que Israel está a salvo de una perfidia política similar, es porque se refugian en la expresión de deseo de “esto a nosotros no nos va a pasar”.

Pero hay sectores muy poderosos en Estados Unidos que ven con gran preocupación la influencia de los grupos sionistas en la política exterior norteamericana que muchas veces no coinciden con los propósitos del Complejo Militar Industrial que rige los destinos de la Superpotencia. Si bien existe una interna en ese mismo país con otros sectores que están empeñados en una lucha religiosa coincidente con la del sionismo, (los Iluminati) que busca imponer “El Destino Manifiesto” de Estados Unidos y sus Logias del Dinero.

Estos sectores, que programaron las guerras económicas de los últimos cinco siglos, tienen experiencia en planes de muy largo plazo, y ahora parece que encontraron otro enfoque estratégico para la política euro norteamericana de mediano plazo, en su lucha contra sus rivales islámicos. Esta estrategia ya no trata de asegurar el abastecimiento de Occidente mediante el petróleo islámico, sino de derrotar a estos rivales religiosos en una guerra económica que consiste en no comprarle más petróleo, prácticamente el único recurso exportable de estos países.

Si bien su clase dirigente, es inmensamente rica a, no ha impulsado un desarrollo en el estilo occidental para sus países, dejándolos, en algunos casos, indefensos ante las políticas de depredación cultural y ambiental de las potencias occidentales, aunque ahora el accionar de Hezbollah y de los gobiernos gobernados por las jerarquías religiosas ha dado un cambio en la situación. Prueba de ello es la desesperación de la nomenklatura norteamericana para impedir el desarrollo nuclear iraní.

6. Consecuencias políticas del cambio tecnológico

Este resultado de la guerra de Medio oriente puede considerarse a la luz de la evolución del consumo de combustibles que está cambiando el mapa del poder mundial.

Tal como se superó la era de los combustibles sólidos (carbón) del siglo 19 por los combustibles líquidos propios del siglo 20, en el siglo 21 les llegó el turno a los combustibles gaseosos. Ahora el futuro depende del desarrollo de combustibles alternativos, en especial el hidrógeno y el gas, ambientalmente más inocuos, imprescindibles ante el ya iniciado cambio climático.

Las hipótesis estratégicas occidentales pretenden que entre las tecnologías del hidrógeno desplegadas desde Alemania y el gas provisto desde Rusia, Libia y Argelia a los países de Europa, los grandes petroleros islámicos verían disminuir significativamente a sus clientes. Y la riqueza en divisas que fluye hacia esos países petroleros no se mantendrá sin sus derrochones clientes. Y sin esa riqueza se debilitará el poder de los gobiernos que hasta ahora han sido los principales aliados de Occidente, haciendo factible que lleguen al poder organizaciones que impulsen políticas populares y de autodefensa similares a las desplegadas por Hezbollah.

Por ese motivo la importancia de Israel como base militar para tener controlados a los proveedores petroleros está disminuyendo al mismo ritmo que se sustituyen los combustibles, y nada hace prever que el apoyo que les presta Estados Unidos aumentará ante el crecimiento del poder de los enemigos que rodean a su pequeño Estado.

Para otros países esto no sería grave, pero para Israel el apoyo económico externo es vital para sostener una economía de guerra que, por ejemplo, gastó en un día de incursiones aéreas el equivalente a un año de ahorro de todos sus jubilados.

Pero la ayuda que pueda enviarle el Estado norteamericano depende en parte de la voluntad de sus Congresistas, donde aumentan los grupos enemigos del sionismo después de las desafortunadas declaraciones de Ariel Sharon sobre el control que mantienen los personeros de Israel sobre el Gobierno de Estados Unidos.

A esto debemos agregar que Estados Unidos se aproxima a una crisis económica que ocupa las páginas especializadas de los periódicos más serios, y que la influencia norteamericana en el mundo se encuentra en un proceso de decrecimiento, con lo cual el apoyo que recibe de muchos de otros países ya no es incondicional, y con los errores del gobierno norteamericano actual no es probable que se estas falencias se subsanen en un futuro próximo, sino que la resistencia, muda en muchos casos, será creciente.

Conclusiones: ¿Qué puede suceder?

La influencia y el liderazgo de Hezbollah se extenderá en todos los territorios ocupados tanto por Israel como por Estados Unidos en la región,, y eso se expresará como repetición del ejemplo sobre su modelo organizativo, y sus tácticas políticas y bélicas, lo cual Hezollah extenderá su poder y fortalecerá a todos los movimientos de resistencia a la ocupación extranjera.

Esto hace previsible que la situación en los territorios palestinos ocupados se hará más inestable aún, que la resistencia en Irak estará cada vez más organizada y apoyada más ostensiblemente desde terceros países pues la victoria de Hezbollah implica un reconocimiento institucional a la guerra de guerrillas, lo cual tenderá a aumentar la legitimidad internacional de los ejércitos de guerrillas de Irak y Afganistán.

Por otra parte, la economía israelí estará cada vez más comprometida. La falta de ingresos externos devendrá en una caída en picada del nivel de vida de los israelíes, uno de los motivo centrales que generó el apoyo de las políticas belicistas de sus gobiernos. Este apoyo está disminuyendo aceleradamente después del comportamiento gubernamental con los habitantes más pobres que viven próximos a la frontera norte.

Si esta disconformidad crece, e Israel se empeña de nuevo en la escalada belicista, con otro previsible fracaso, los cambios políticos crecerán en turbulencia, y para disminuir las tensiones internas, es previsible que deberán detener y luego revertir todo el proceso de ocupación de tierras palestinas tanto en Gaza como en Cisjordania y en las posiciones libanesas. Algo similar ocurre con Siria, donde ya se habla de devolver las Alturas del Golán, ya que contiene recursos hidráulicos y tierras fértiles, ambas cuestiones vitales en una región árida.

Si la crisis económica y de confianza en la conducción de la actual Nomenklatura israelí se profundiza, es posible que asuma el poder un grupo que busque vivir en armonía con palestinos y sus vecinos, y en un futuro desempeñar un rol que convertiría al pueblo judío en una necesaria “interfase cultural” entre Medio Oriente y Occidente, entre el Islam y la Cristiandad.

A pesar de la gigantesca campaña de prensa impulsada desde el poder para mantener el clima de miedo al Terrorismo, la realidad de la derrota norteamericana en el “pantano de Irak”, es sumamente improbable que esta nación decida involucrarse en un nuevo “pantano del Líbano”. Hasta ahora, al tratar de meter en ese predicamento a sus aliados europeos no ha resultado, ya que estos tienen ideas propias sobre el tema, como lo prueba la conducta de Italia.

Esta conjunción creciente de problemas bélicos, políticos, económicos de Estados Unidos y de Israel, preanuncia que la Era Bush está llegando a su fin.

En fin, el mundo está cambiando, lo hace muy rápido, y esta vez a favor de los buenos.

Walter A. Moore
Profesión del Autor,
Periodista
Buenos Aires, 8 de enero de 2007.
Fuente: Revista Questión Latinoamericana.


[1] Ver www.cuartaguerra.com.ar donde se resume el libro “La Cuarta Guerra Mundial, El Imperio Global contra el Tercer Mundo” y se describen en detalle estas cuatro formas de guerra.


© (2007) Walter A. Moore
Todos los derechos reservados.
Para reproducir citar la fuente.
Publicado originalmente en Question Latinoamérica número 25

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