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15 informaciones al país y al mundo
Impactos del Plan Colombia en Ecuador
[Altercom]
Por Alexis Ponce

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El pasado miércolles 16 de agosto, tuvo lugar en Quito un fugaz encuentro diplomático entre los cancilleres Francisco Carrión, de Ecuador, y María Consuelo Araújo, de Colombia, cuyas conclusiones -citadas como “altamente satisfactorias” por las autoridades oficiales de ambos países- se tradujeron en la reiterada promesa de Bogotá de que “se mantendrá la suspensión temporal de las fumigaciones aéreas en la franja fronteriza; y en el positivo, aunque insuficiente, rechazo del canciller ecuatoriano a las declaraciones públicas dadas a un diario local por el nuevo comandante de la FOL (Forward Operating Location) del Comando Sur de EEUU en Manta, oficial Javier Delucca, quien aseveró que la mencionada Base de Manta “es importante dentro del Plan Colombia”. Sobre el último tema, el viceministro de Asuntos Exteriores de Ecuador, Diego Ribadeneira, confirmó después a la prensa nacional que el Gobierno envió una nota de protesta a la Embajada de EEUU en Quito; y que en el texto de la sui-géneris “protesta”, la Cancillería pidió que ’se instruya al señor Delucca para que no realice comentarios que no vienen al caso’, aclarando que la Base de Manta ’no es parte del Plan Colombia, sino una colaboración del Ecuador en la lucha contra el narcotráfico, que debe ser valorada por Estados Unidos’. (¿?)

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Afirmamos que la sui-géneris ‘protesta’ diplomática, aunque positiva es insuficiente, debido a que su contenido desgraciadamente mantiene la misma actitud negacionista sostenida durante el período 1999-2004 por los ex-cancilleres Benjamín Ortiz, Heinz Moeller y Patricio Zuquilanda, queactuaron bajo el efecto narcotizante de la incertidumbre y el enmudecimiento, y que a cadamomento se esforzaban por “sacarle las castañas del fuego” al país, luego de declaraciones embarazosamente similares de voceros políticos o militares de EEUU y de Colombia en el pasado. Es decir que, fatalmente, hoy se ha continuado con la anterior política de “tapar el sol con un dedo”, puesto que en los últimos 7 años las autoridades nacionales no han podido desmentir con certeza lo que el país entero sospecha desde el fatídico año 1999: que más allá de lo que diga la diplomacia ecuatoriana y de las aclaraciones subsiguientes de Bogotá o Washington, el práctico discurso de los responsables militares del FOL de EEUU en Manta se asienta en lo que siempre buscaron: que la base de Manta fuera lo que es, un componente estratégico y logístico de inteligencia en tiempo real, en apoyo a las operaciones ejecutadas en el marco del Plan Colombia.

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Sostenemos que, más bien, el país oficial debió y debería aprovechar ese tipo de “comentarios que no vienen al caso”, esgrimidos públicamente por los jefes militares del FOL de EEUU en Manta, para develar -luego de semejantes “lapsus lingue”- sus intencionalidades y para acumular argumentos que le permitan al Ecuador denunciar jurídicamente y de manera unilateral el fatídico acuerdo por el cual se cedió la base Eloy Alfaro al Southern Command del ejército de los EEUU.

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Una actitud lógica como la citada, fue impensable de ser asumida por Ortiz, Moeller y Zuquilanda, pero es el canciller Francisco Carrión el mejor llamado a ‘pasar a la historia’ si pone en antecedentes del Sr. Presidente de la República las pruebas jurídicas e informativas (contrato de mercenarios, destrucción de barcos, detención de migrantes, etc.) que preparen las condiciones para denunciar unilateralmente el ‘célebre’ convenio que amarró al Ecuador -durante casi una década- a la visión reduccionista y militar de los EEUU y del Plan Colombia en la región andina.

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Concluido aquel punto, expresamos nuestra discordancia con la calificación sobre-optimista dada por la Cancillería a la cita cumplida entre los diplomáticos de Quito y Bogotá, la misma que fue adjetivada como “altamente positiva”, puesto que olvida dos hechos:

UNO: Que en la cita, por lo menos de lo que se conoce públicamente a través de los medios de comunicación, no se presentó ante la canciller colombiana la preocupación ecuatoriana por la ‘extraña’ demora de la respuesta oficial de Bogotá a la recomendación dada por los delegados de la ONU en el mes de febrero de este año, de que es factible conformar una comisión “que verifique los impactos de las fumigaciones a la salud humana y al medio ambiente en Ecuador”, y que mientras dicha comisión no labore en el terreno, no exista posibilidad alguna de que se reinicien las fumigaciones en territorios fronterizos con el Ecuador. La cita, para ser catalogada de “altamente positiva” debió contemplar entre uno de sus resultados la respuesta que Bogotá debe al Ecuador y a la ONU, y que aún no la ha dado a pesar de haber transcurrido seis meses desde que tal recomendación fue conocida públicamente.

DOS: Resulta una evidencia de Perogrullo el que Bogotá no va admitir a Quito si reinicia su calendario de ejecución de las fumigaciones. Si casa adentro no lo admite, peor hacia fuera. Pero nuestras fuentes ambientalistas, sociales y no gubernamentales en Bogotá y el Putumayo, tal como nos alertaran en sus informaciones que, a su vez, hemos entregado sistemáticamente durante todo un año a las autoridades de Cancillería, desmienten la versión oficial de Colombia, que mantiene un silencio decidor ante la siguiente denuncia: Según las redes sociales y expertos en Colombia, cuyos informes previos han servido para alertar a la comunidad internacional y a Ecuador sobre el plan de fumigaciones ejecutado desde antes de ayer en el parque natural La Macarena, o sobre el uso masivo de paramilitares desmovilizados en la erradicación manual en las zonas de cultivos ilícitos, el programa de fumigaciones del sur, comenzó en el departamento del Putumayo el 13 de agosto en los municipios de San Miguel, Orito y Valle del Guamuéz, y fue ejecutado hasta el 16 de agosto; es decir, casualmente, justo hasta la fecha en que se reunieron las autoridades diplomáticas de ambos países en Quito. El día de ayer, jueves 17 de agosto, se informó extra-oficialmente en la ciudad de Mocoa que las fumigaciones se suspendieron el 17 en el Putumayo, razón por la cual los expertos, ONG’s y organizaciones sociales de Colombia que monitorean la situación en dicho departamento y demás regiones del territorio colombiano, sospechan que ‘muy posiblemente’ esta última suspensión fue decidida como resultado del viaje de la Canciller Araújo a Quito.

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La pregunta que se hacen expertos y dirigentes sociales del Putumayo es: ¿Hasta cuándo se suspenderán estas fumigaciones ya previstas en la agenda y que empezaron el 13 de agosto? Teniendo en cuenta que según informes oficiales de Colombia el mayor aumento de los cultivos ilícitos en el período se ha dado, precisamente, en la línea de frontera con el Ecuador, si se reanudan las fumigaciones, tarde o temprano se ejecutarían dentro de la franja de 10 kilómetros establecida por ambos gobiernos. De ahí que la Cancillería colombiana mantenga la tesis de que la suspensión de las fumigaciones tiene el carácter de “temporal”.

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Los líderes sociales del Putumayo, desde el 10 de agosto en que fueron informados por la Policía Antinarcóticos y las autoridades locales colombianas que se reiniciarían fumigaciones en dicho departamento, se hallan en asambleas y reuniones urgentes porque hace dos meses enviaron cartas firmadas por seis mil familias solicitando al Presidente Uribe el apoyo gubernamental para fortalecer el desarrollo alternativo en lugar de la fuerza, pero la respuesta oficial obtenida el 10 de agosto fue que habría fumigaciones. Si la noticia del jueves 17 en la tarde (que se suspendieron las fumigaciones en Putumayo) es cierta, es parecer de las agrupaciones sociales, no gubernamentales y expertos colombianos consultados, que la Cancillería ecuatoriana debió ser informada.

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Al respecto, cabe preguntarse la calidad y diversidad de informaciones que recibe nuestra Cancillería en Quito por parte de su embajador en Bogotá, el Dr. Alejandro Suárez, a quien el Grupo de Monitoreo y la APDH conocieran bien en el año 2001, cuando se realizaban las mesas de diálogo entre las organizaciones indígenas y el Gobierno de Gustavo Noboa en la sede de la OEA, lugar al que asistimos como asesores nombrados por los indígenas para el tema Plan Colombia y en donde él y otros funcionarios diplomáticos de la cancillería de entonces insistieron en manifestarnos: “No hay problema con las fumigaciones en la frontera y no hay ningún efecto del Plan Colombia, todo es una exageración de la prensa y las ONGs”, a lo que respondimos: “Disculpe, pero queremos recordar que este diálogo es con las autoridades del Ecuador, no de Colombia o EEUU, porque nos parece que estuviéramos dialogando con la embajadora de EEUU o el embajador de Colombia, y no con el gobierno que se supone nos representa a los ecuatorianos”.

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El 13 de febrero de este año, en documento dirigido al Sr. Presidente y los Ministros del Frente Externo pusimos sobre el tapete las aristas no conocidas del Gobierno colombiano para haber decidido suspender las fumigaciones en la frontera con Ecuador.

A.- Que Bogotá y Washington en un tema demasiado caro para ambos países como es la “política antidrogas”, no pueden darse el lujo de ‘perder’ ante una nación que, como Ecuador, ha cuestionado la utilidad y no letalidad de aquella estrategia en la frontera común, temática donde no se juega solo la “inocuidad o letalidad de las fumigaciones” sino el futuro mismo de la estrategia antidrogas aplicada en los andes, es decir la política antidrogas de EEUU, cuyo espina dorsal puede ser rota por dos realidades circundantes: el nuevo gobierno boliviano, que se opone al componente militarista de la lucha antidrogas, y la tesis ecuatoriana, que cuestiona las fumigaciones.

B.- Que la oferta del Gobierno Uribe a Ecuador de suspender las fumigaciones en la frontera a partir de enero de 2006, fue erróneamente vista como “un triunfo” por el Gobierno nacional y algún sector de la prensa, sin reparar en este detalle: Hasta el 31 de diciembre del 2005, en el departamento de Nariño, fronterizo con Carchi, se fumigaron 57.000 hectáreas y en el departamento del Putumayo, colindante con Sucumbíos, 25 mil hectáreas, aproximadamente. Es decir, casi el 60% de las fumigaciones hechas durante el año 2005 en todo el territorio colombiano.

C.- Que es obvio, entonces, haber ofrecido una suspensión de las fumigaciones al Ecuador, después de semejante récord de fumigaciones aéreas, cuando el énfasis de las operaciones subsiguientes el Gobierno colombiano decidió trasladar a otros departamentos del país, no vecinos a Ecuador, y cuando comienza la temporada de lluvias desde enero que afecta a las operaciones de fumigación aérea. En Ecuador no se precisó bien el argumento de la estacionalidad de las lluvias y sequías en Putumayo y Nariño, y solo se aplaudió la medida de Bogotá sin mirar estas aristas. Es decir, hubo una sutileza que bien pudiera entenderse como ‘engaño táctico’, en el que no repararon el Gobierno ni la opinión pública de Ecuador. Si no es así, ¿por qué el gobierno de Uribe prometió al Ecuador la suspensión de las fumigaciones a partir de enero, de manera temporal?

D.- Que en Ecuador el Gobierno y sectores de opinión pública priorizan un énfasis que, necesario, es incompleto y debe complementarse: las fumigaciones químicas. Siendo un tema importante, apenas es una parte de las consecuencias negativas del Plan Colombia en el país y el Ecuador ha visto de manera fragmentada los efectos integrales de los múltiples efectos ocasionados, de allí que cada problemática o incidente sea discutido siempre desde esa fragmentación temática.

E.- Que el problema de fondo no es el método (aspersiones aéreas o erradicación manual), que algunos académicos llaman “el dilema químico”, sino las consecuencias de toda la política antidrogas ejecutada, de reducción de la oferta vía erradicación de la materia prima vegetal y la represión a los cultivadores. Envez de golpear la cadena mafiosa de intermediación y ramificaciones internacionales, Colombia y Washington han optado por la tolerancia cerofrente a los cultivos y esa política no ha conducido a nada.

F.- Que las consecuencias negativas que causa la fumigación química son ciertas y esa política viola el Protocolo de Ginebra que prohíbe destruir medios básicos de subsistencia de la población civil, pero otro método forzoso como la erradicación manual no concertada, con operativos militares y policiales en tierra y entrada de cuadrillas de erradicadores foráneos a la comunidad-objetivo, está probando en Colombia queno es mejoren términos humanitarios porque los atropellos también son directos sobre parcelas, familias campesinas y sus bienes, máxime cuando en Colombia, a diferencia de Bolivia, la fusión entre lucha antinarcóticos y guerra contrainsurgente es total: Hoy existen másdesplazados y más enfrentamientos armados en el país vecino.

G.- Que cualquier entendido en la materia drogas y cultivos sabe que la diversificación de la estrategia represiva antidrogas, usando temporalmente la erradicación manual, se ofrece a Ecuador como un ablandamiento de la política de aspersiones aéreas, cuando en realidad es distinto: Esa expresión del Plan Colombia va sobre los territorios, no sobre los vegetales ilícitos. Dice Bogotá que ‘Colombia es soberana en decidir si fumiga o arranca’, pero Ecuador puede advertir las consecuencias que en nuestra frontera traería la combinación de fumigaciones con la nueva política de erradicación forzosa por medios manuales, usando paramilitares desmovilizados, acusados de narcotraficantes por el propio Departamento de Estado, pues no es casual ni está aislada de los enfoques y ajustes de Washington para el área andina.

H.- Que no se trata de desear “conflictos” entre ambos países pero sí advertimos de todo este contexto pues nos preocupa que haya sectores del Ecuador que crean que no debe cuestionarse la política de Bogotá ante Ecuador, bajo el supuesto de que “de aquí en adelante están superados los incidentes binacionales y no habrá más problemas”. La realidad es mucho más compleja y el creciente estímulo geopolítico a la formación de un Eje Bogotá-Lima-Washington, apostará a doblegar al Ecuador, si permanece en una postura defensista-reactiva.

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Resulta obvio que nuestro país es “clave” para EEUU, no por su dimensión geográfica en el continente, sino por quedar cerca de Colombia, Perú y Venezuela, es decir por un criterio geopolítico y militar de “retaguardia” para operaciones de carácter militar, policial o de seguridad. Por ello sostenemos que existe una contradicción entre el rechazo digno, pero insuficiente, del Sr. Ministro de Relaciones Exteriores a la declaración de que “la base de Manta es muy importante dentro del Plan Colombia” expuesta por el jefe militar de la FOL de EEUU, y la pública información dada a conocer por el pronorteamericano Ministro de Defensa, Gral. (r) Oswaldo Jarrín, de que procederá a comprar a EEUU aeronaves C-130, a ser destinados a operaciones aero-transportadas y combinadas de las tres ramas, "para la frontera con Colombia”.

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En el caso de nuestra nación y sus fronteras, nos preocupan los nuevos elementos que aparecen en la escena de manera difusa aún, pero sobre los cuales alertamos hace meses. Esos elementos son:

Uno: La ampliación financiera y conceptual del Plan Colombia. EEUU hizo nuevos aportes (700 millones de dólares) a dicho Plan, para un nuevo eje que acompañará a la vieja cantinela de la “lucha contra las drogas”: lo que EEUU ha dado en llamar “Ayuda para la Seguridad Nacional de Colombia”.

Dos: La decisión oficial del gobierno de Uribe de incorporar a miles de paramilitares ‘desmovilizados’, en el proceso de erradicación manual forzosa de cultivos de coca en los lugares donde no fumigarán, podría significar un complejísimo arco de presión combinada sobre nuestra frontera. La estrategia del “reordenamiento territorial” que el paramilitarismo busca con su participación en el proceso de ‘erradicación manual’ hay que preverla, protegiendo la frontera.

Tres: La posibilidad de que EEUU presione aún más a Bogotá para que continúen las fumigaciones, pues la lógica de la “lucha contra las drogas” tiene en Washington asideros difíciles de romper.

Cuatro: Las llamadas ‘incursiones’ lejos de terminar, continuarán. Esa es nuestra tesis, pues se trata de acciones planificadas y premeditadas.

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Toda la política estructural de fumigaciones y operaciones militares del gobierno colombiano en estos seis años, es corresponsabilidad del gobierno de los EEUU. Pero, quizás por la tibia ambigüedad ecuatoriana, por evitar mayores niveles de enojo de la potencia -que ha demostrado su animadversión sistemática contra Ecuador desde que echamos del gobierno a su aliado, Gutiérrez- la diplomacia no dice lo que se sabe a gritos: que aquí hay tres actores, no solo Colombia y Ecuador, sino también EEUU, en el escenario geopolítico actual y futuro.

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La actual etapa diplomática, a pesar de tener reconocidas muestras de soberanía y dignidad, es reactiva, y por ello puede ser forzada a la condena de ‘desmentir’ y ‘controlar’ cada cierto tiempo las fumigaciones o la multiplicación de las incursiones fronterizas del ejército oficial colombiano o los actores irregulares, que es la ‘otra forma de fumigación’ que se nos ha impuesto.

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Por todo lo dicho, nuestra posición en política exterior y en las Fronteras, está signada en consolidar la organización civil y el tejido social, hacia la creación de Territorios de Paz Fronterizos y en presionar para que el Ecuador recupere la ejemplar política exterior de paz, autodeterminación y soberanía que tuvo a inicios de 1980 con la “Doctrina Roldós”, y a que se mantenga la postura tradicional e histórica que tuvo el país antes del año 1999, es decir antes del Plan Colombia y la Base de Manta. Es por ello que la próxima semana daremos respuestas colectivas directas en las provincias de Sucumbíos, Carchi y Esmeraldas con las agrupaciones sociales y ciudadanas de la línea de frontera, para que el Estado ecuatoriano rebase el defensismo reactivo y proponga líneas duraderas de conducta más allá de octubre.

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El Ecuador tiene una disyuntiva estratégica: debe escoger su destino, si quiere ser la Honduras de los Andes -país que se convirtió en los ochentas en la Camboya centroamericana- o si quiere emular la posición pacifista y digna de Costa Rica durante esos años, que sin tener ejército y con una fuerte diplomacia internacional hizo respetar sus fronteras, amparándose en alianzas internacionales que el Ecuador debe hallar en Sudamérica, la Unión Europea y otros bloques ahora, antes de que sea tarde.

Las denuncias, informaciones y tesis aquí expuestas, entregaremos directamente al Presidente de la República del Ecuador.

Es hora de determinar desde la más alta investidura, acciones de largo aliento, no reacciones que impiden consolidar la postura del Ecuador en los Andes y Sudamérica.

Alexis Ponce


Altercom
Agencia de Prensa de Ecuador.
Comunicación para la Libertad.

Alexis Ponce
Ecuatoriano.
Vocero de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH).
Miembro del Grupo de Monitoreo del Plan Colombia en Ecuador.

Publicado originalmente en:
http://www.altercom.org/article143161.html

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