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 Versión para imprimir de: (Fracaso Israelí: un debate que omite la soberbia, la fantasía y la subestimación.)

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Ehud Olmert así como otros responsables políticos y militares son utilizados como chivos expiatorios para ocultar las causas profundas del fracaso israelí.
Ehud Olmert así como otros responsables políticos y militares son utilizados como chivos expiatorios para ocultar las causas profundas del fracaso israelí.

Al fracaso militar se suma ahora el fracaso en identificar sus causas
Fracaso Israelí: un debate que omite la soberbia, la fantasía y la subestimación.
Traducción artículo de Le Monde y Comentario IRW
Por El Equipo
Publicado digitalmente: 18 de agosto de 2006

Comentario IRW
Traducción de artículo de “Le Monde”.

Equipo de Investigaciones 'Rodolfo Walsh'Comentario IRW



En el siguiente artículo de Le Monde se da una descripción desde la perspectiva franco-europea del panorama post-bélico en Israel.

Muchos de los argumentos descritos no terminan de "justificar" un fracaso que, en realidad, se sustenta en factores que se han venido consolidando desde mucho antes del 12 de junio de 2006.

Existen una serie de "creencias", de "verdades acríticamente aceptadas", que se han venido construyendo con falacias diseminadas a través de los medios masivos de comunicación occidentales.

La deshumanización y menosprecio del Islám, su subordinación cultural y ética a los valores occidentales, así como una evidente parcialidad a la hora de ponderar las razones de las partes en el conflicto, fueron generando una fantasía que, para los israelíes, ahora se transforma en una realidad incomprensible, una pesadilla inimaginada.

Las mentiras sistemáticas. Los soldados que invaden territorio ajeno y al ser capturados son llamados eufemísticamente de "secuestrados". La soberbia injustificada, que menosprecia la identidad del contrincante, y que ha sido exacerbada hasta el paroxismo, ahora, se ha mostrado como una navaja de dos filos, generando a la vez desconcierto e incredulidad.

Resulta, obviamente, mucho más fácil buscar chivos expiatorios en la ejecución de las acciones militares, en los errores en las tomas de decisión, que admitir que se ha estado viviendo en una realidad onírica, que "el ejército más eficiente del mundo" no pasa de ser un ejercito más, pero con mejor marketing y acceso a la financiación.

Si las mentiras sitemáticas, la soberbia, el menosprecio por el adversario y el ocutar la realidad a través de la propaganda disfrazada de información no son métodos abandonados a partir de ahora por el Estado de Israel y aquéllos que lo sustentan, el presente fracaso no será más que el primero de un larga lista.

El Equipo

Encendido debate en Israel sobre el “fracaso” en la guerra en el Líbano


Le Monde
Por Silvain Cypel
18 de julio de 2006

El escritor David Grossman leyó delante del féretro de su hijo Uri, muerto poco antes de la entrada en vigor del alto el fuego, el lunes 14 de agosto, en el Líbano, un texto desgarrador, impregnado de una emoción contenida. Él se ha “negado a hablar de la guerra. Nosotros, nuestra familia, ya perdimos en esta guerra. El Estado de Israel, hará su balance”. Pero el hermano mayor del difunto, Yonathan, no tuvo estas prevenciones: “Fui yo quien quiso que Uri sirva en una unidad de Merkava-4. Se decía que era el tanque más seguro del mundo. Pero cuando se les envía a la muerte en una misión suicida, tonta y sin esperanza, incluso el Merkava-4 no sirve para a nada.”

La hora, en Israel, es para al balance y la rendición de cuentas. La creación de una comisión de investigación parlamentaria fue anunciada el miércoles 16 de agosto. Según una encuesta publicada por el diario Yediot Aharonot, sólo un 30% de los Israelíes consideran que su país ganó esta guerra. La dimisión del Ministro de Defensa, el laborista Amir Péretz, es deseada por un 57% de los consultados, y la del jefe de Estado Mayor, el general Dan Haloutz, por un 42%.

Pero este sondeo se llevó a cabo antes de conocerse el asunto que sacudió al país: la venta por parte del jefe del ejército de una cartera de acciones algunas horas antes de la ofensiva. “Entre una reunión urgente del Estado Mayor donde él había prometido ’llevar al Líbano veinte años hacia atrás’, y una consulta con el Ministro de Defensa donde recomendó entrar en guerra, (Dan Haloutz) tuvo tiempo de llamar a su asesor financiero. Ese 12 de julio, al mediodía, mientras el coronel Chen Livni y sus hombres intentaban recuperar los cadáveres de cuatro soldados del tanque en llamas, el jefe de Estado Mayor, hablaba con su banquero”, escribió el cronista militar del diario Haaretz. “¿Los reservistas convocados urgentemente al frente de batalla, alguno de los cuales no regresaron, tuvieron tiempo para tales acuerdos?”, añade, resumiendo la estupefacción de la población.

Soldados “al abandono”

Altos grados de las armas expresan - anónimamente - severas críticas contra su jefe. El miércoles, Haaretz titulaba su editorial: “En primer lugar, Haloutz debe irse”. Por la tarde, el jefe de Estado Mayor emprendía la contraofensiva, acusaba “al nivel político” de haber retrasado en cuarenta y ocho horas el despliegue de las tropas en el terreno, y de esta forma de conducir a una intervención precipitada. El Gobierno cargaría pues, a su modo de ver, una responsabilidad de los daños humanos en las últimas horas de la guerra.

En el país se multiplican los relatos de reservistas que cuentan cómo los han dejado “abandonados”, a veces en una desorganización incompatible con la imagen del Tsahal. Pero más allá de cuestionamientos personales, domina un sentimiento de fracaso.

Las preguntas se suman. ¿Cuáles eran los objetivos de esta guerra? ¿Eran realistas? ¿Por qué, a pesar de las embestidas constantes del Estado Mayor, el Hezbolláh pudo lanzar un promedio de más de 100 cohetes al día, y además, hasta el final? ¿Por qué haber lanzado una ofensiva terrestre dentro de las horas que precedieron un alto el fuego que se sabía adquirido? Ésta ofensiva no tenía ninguna oportunidad de lograr su objetivo (controlar las orillas del río Litani) y resultó la más costosa en vidas israelíes de toda la guerra. Finalmente, ¿por qué, en la retirada, la defensa pasiva estaba tan mal preparada?

“La opinión pública está frustrada legítimamente, considera Dan Yatom, un antiguo jefe del Mossad. Les anunciaron objetivos virtuales, y les creyeron. Israel iba a ’cambiar el mapa político del Líbano’, ’a erradicar a Hezbolláh’, lo que no habíamos logrado hacer en dieciocho años de ocupación” (del Líbano meridional, 1982-2000).

Hoy diputado (laborista), resume el siguiente balance: “Los objetivos eran erróneos, el método también. Ante organizaciones terroristas afianzadas en la población como Hezbolláh o Hamas, la idea ’de restablecer nuestra capacidad de disuasión’ es un absurdo. Esas guerras son asimétricas. Habría sido necesario efectuar sostenidos ataques aéreos durante dos o tres días solamente, pero mucho más potentes: sobre las redes eléctricas y acuíferas, las comunicaciones, para llevar al Gobierno libanés a pedir un alto el fuego inmediato. A continuación negociar seriamente la liberación de nuestros rehenes y la limitación de las capacidades de Hezbolláh. En cuanto a enviar tropas terrestres, yo estaba en contra. ¿Pero una vez decidido hacerlo, por qué tan tardíamente, y tan débilmente? Todas las prioridades estratégicas de Tsahal deben revisarse.

“Un putsch voluntario”

Otro golpe de campana por parte del general Uri Saguy, ex jefe de información militar. “Esta guerra, espera él, debería llevar a nuestros dirigentes a considerar los límites de la fuerza y la necesidad de buscar un acuerdo político regional. Los que tienen una visión binaria, que dividen el mundo entre buenos y malvados, sólo saben sembrar la guerra y la desestabilización en la región.” Teniendo en cuenta “la concepción del mundo” del general Haloutz, él considera que será “el primero y el último jefe de Estado Mayor proveniente de la aviación en Israel. En Oriente Próximo, las guerras se desarrollan sobre el terreno”.

Yaguil Lévy, un sociólogo especialista de Tsahal, pronostica “muy fuertes tensiones futuras entre militares y políticos”. Esta guerra, a su modo de ver, fue el resultado de un “putsch voluntario”: “El Estado Mayor propuso objetivos irrealistas sin los medios para alcanzarlos, ni un escenario de salida de la guerra. El problema es que no tuvo que ejercer presión sobre el Gobierno: este último aceptó con entusiasmo. El ejército se acostumbró a beneficiarse en casa de un crédito ilimitado. Ahora, los militares serán mucho más suspicaces, exigirán de los políticos la garantía de estar cubiertos. Pero el Gobierno pedirá controlar al ejército mucho más de cerca.”

Vivimos un terremoto. La opinión pública perdió la confianza en la capacidad de los dirigentes para definir sus objetivos; o peor todavía, para tomar buenas decisiones”, declaraba, el miércoles, el almirante Ami Ayalon, ex jefe de los servicios de información interiores (Shin Beth).

En Israel, los debates y su cortejo de acusaciones generales sobre las responsabilidades en el “fracaso” de la nueva guerra en el Líbano no hacen más que comenzar.

Silvain Cypel
Artículo publicado en la edición de 18.08.06
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