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Theodor Herzl
Theodor Herzl

HERRAMIENTAS

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[Primera de dos partes]
Israel-48: modelo para desarmar [I]
[Bambú Press]
Por Roberto Bardini
Publicado digitalmente: 25 de julio de 2006

El abogado y periodista Theodor Herzl, un descendiente de judíos españoles nacido en Hungría en 1860 y fallecido en Austria en 1904, es el fundador del sionismo moderno y el gran estratega del parto -sin anestesia y con fórceps- del Estado de Israel.

Herzl se inspira en las ideas del médico León Pinsker (1821-1891), nacido en el puerto ucraniano de Odessa, quien impulsó la instalación de las primeras colonias agrícolas judías en Palestina. En su libro Autoemancipación, publicado en Francia un año después de su muerte, Pinsker acuñó la palabra “judeofobia” para definir lo que él consideraba una “enfermedad hereditaria e incurable”.

En 1894, Herzl se encuentra en Francia cuando estalla el affaire Dreyfus, como se conoce el juicio por “traición a la patria” al capitán Alfred Dreyfus, de origen judío, acusado falsamente de ser espía al servicio de Alemania. El escándalo desencadena reacciones a favor y en contra en toda Europa. El periodista se convence de que el antisemitismo es un problema sin solución y que no tiene sentido la asimilación del “pueblo elegido” en los diversos países en los que se halla disperso,

“El Estado Judío” (1896)

Theodor Herzl publica El Estado Judío en 1896 y propone que “el problema” se transforme en una cuestión de política internacional, con la intervención de las grandes potencias de la época.

Inicialmente, el libro no tiene buena recepción en los sectores judíos partidarios de la integración en los distintos países. Pero Herzl es incansable: presiona a millonarios de origen judío, visita casi todas las cancillerías de Europa, se entrevista con el kaiser alemán Guillermo II, el rey italiano Víctor Manuel II, el Papa Pío X y funcionarios de la Rusia zarista. También solicita al sultán turco Abdul Hamid II que le otorgue parte del territorio de Palestina -en ese momento ocupada por el Imperio Otomano- a cambio de respaldo económico judío.

“Si Su Majestad el Sultán nos diera Palestina, nos comprometeríamos a sanear las finanzas de Turquía”, escribe en El Estado Judío. “Para Europa formaríamos allí parte integrante del ba­luarte contra el Asia: constituiríamos la vanguardia de la cultura en su lucha contra la barbarie. Nos mantendríamos como Estado neutral, en relación constante con toda Europa, la cual debería garantizar nuestra existencia”.

La puesta en práctica de las hipótesis de El Estado Judío provocará en 1948 un cataclismo artificial de consecuencias topográficas y geopolíticas sin antecedentes en la historia, inversamente proporcional al hundimiento de la mitológica Atlántida. En sus Diálogos, Platón describió la desaparición de un continente de leyenda en el Océano Atlántico; Herzl da la receta para el violento trasplante de un país surgido de la noche a la mañana en las arenas de un territorio que ya era ajeno.

El Congreso de Basilea (1897)

En 1897, convertido en agitador político, Theodor Herzl comienza a editar Die Welt (El Mundo), primer periódico sionista oficial, mientras impulsa la creación de la Organización Sionista Mundial y promueve el Primer Congreso Sionista, que se realiza ese mismo año en Basilea (Suiza) con la intención de crear un “hogar nacional” judío en Palestina.

El congreso de Basilea se inaugura el 29 de agosto de 1897, con la asistencia de 197 representantes de todo el mundo, y Herzl es el centro de atención. A final del encuentro, se anuncia que “el sionismo aspira a establecer una patria para el Pueblo Judío en la Tierra de Israel garantizada por el derecho internacional” y se adopta la bandera azul y blanca con el maguen David (estrella de seis puntas). También se decide “promover a través de los medios adecuados el asentamiento de la Tierra de Israel por agricultores, artesanos y productores”. Los delegados proponen, además, dar “los pasos necesarios para obtener el consentimiento de los gobiernos para la realización de las metas sionistas”.

Herzl tampoco descarta crear una colonia judía en la provincia argentina de Entre Ríos o en tierras africanas. Piensa en Uganda -aunque la considera un “asilo temporal nocturno”- y en África del Sur, donde el racista inglés y traficante de diamantes Cecil Rhodes, ha inventado un país con su nombre: Rhodesia. “Si me pregunta por qué me dirijo a usted, señor Rhodes, le diré que es porque mi programa es un plan colonial”, escribe el periodista austrohúngaro.

El tenaz dirigente muere en 1904, a los 44 años de edad, sin ver que su violenta utopía se realizará... 44 años después. “En Basilea fundé el Estado Judío. Quizás dentro de cinco años, seguro dentro de cincuenta, todos lo sabrán”, había escrito en su diario íntimo al finalizar el Primer Congreso Sionista en Suiza.

En Hotel Casino, a orillas del Rin, se firmaron simultáneamente el acta de nacimiento de un pueblo sin tierra y el certificado de defunción de un territorio poblado por árabes: Palestina, donde en ese tiempo sólo hay 24 mil judíos, mucho menos que en cualquier país de Europa. Hasta entonces, los judíos conviven pacíficamente con palestinos y se consideran hermanados por el mismo origen semita e iguales tradiciones.

Roberto Bardini


© (2006) Roberto Bardini
Todos los derechos reservados.
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Gentileza Bambú Press.

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