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El programa nuclear hace de Irán un “santuario”, dice un analista
Traducción del artículo publicado en la Folha de São Paulo del 09/07/2006
Por João Batista Natali
Publicado digitalmente: 9 de julio de 2006

En el siguiente artículo queda claro que el objetivo de desarrollar un proyecto nuclear por parte de Irán es meramente defensivo -crear un "santuario"-, cuyo propósito final sería evitar una posible agresión militar occidental destinada a deponer al gobierno de la revolución islámica.
Por otro lado el científico político francés Frédéric Tellier señala sin eufemismos cuáles son los objetivos estratégicos de las potencias occidentales (Francia, Inglaterra y EEUU) con respecto a Irán.
No se trata, pues, de proteger al mundo de una posible futura amenaza militar iraní, sino de que su poderío militar no impida las acciones ’occidentales’ destinadas a sofocar al gobierno revolucionario.
En ese sentido, EEUU no está sólo en la empresa de planificar acciones destinadas a someter política, económica y culturalmente al pueblo iraní con ese ’caballo de troya’ al que eufemísticamente denomina ’democracia’.

Comentario IRW

En lenguaje militar, “santuario” es un lugar tan protegido que ningún enemigo se atrevería a invadirlo. Por lo tanto, al esforzarse para llegar a la bomba atómica, Irán busca “santuarizarse”. Y lo hace con “la certeza de la impunidad”, puesto que China y Rusia nunca votarían sanciones económicas de peso en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Es lo que dice el científico político francés Frédéric Tellier, formado en Harvard y Chicago, ex-agregado cultural de la embajada de Francia en Teherán y hoy investigador en el Iris (Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas), de París.

Desde su punto de vista, serían dudosos los resultados de una operación de bombardeo para la destrucción de laboratorios o centros de enriquecimiento de uranio del régimen islámico.

Aquí algunos párrafos de su entrevista a la Folha.

Folha de São Paulo - ¿Existe la posibilidad de que Irán acepte el plan de cooperación nuclear, a cambio del finalizar el enriquecimiento de uranio, hecho por los miembros del Consejo de Seguridad?

Frédéric Tellier - La posibilidad es mínima, siendo que el propio Ayatolá Ali Khamenei, líder supremo de Irán, desechó la idea del diálogo con los Estados Unidos. Era uno de los avances más significativos que la comunidad internacional hizo en dirección a Irán. También soy pesimista porque después de 2002, cuando supimos de la extensión del programa nuclear iraní, el país no fue objeto de ninguna presión decisiva para interrumpir el avance tecnológico conseguido en esa área. El régimen islámico sabe que el Consejo de Seguridad está dividido, lo que le asegura impunidad permanente. Esto explica su intransigencia.

Folha de São Paulo - Usted citó a los EEUU. Pero ellos no aceptaron el diálogo bilateral. Están en la retaguardia diplomática de iniciativas francesas o británicas.

Tellier - Washington adoptó una actitud cautelosa. Muchas oportunidades fueron desperdiciadas en estos últimos años para que ocurriera un diálogo bilateral. A comenzar por Irak donde, en caso de que Teherán hubiese tenido una política constructiva, la administración Bush habría aceptado la apertura de un diálogo directo. No tanto como para restablecer las relaciones diplomáticas, pero por lo menos para bosquejar un proceso de acercamiento. En la clase dirigente iraní la idea de ir hasta el final en el proceso de obtención de la bomba atómica es mucho más fuerte que la voluntad dialogar con Washington. Irán considera al programa nuclear como prioritario para la supervivencia del régimen. Desea, en verdad, transformar en un “santuario” su territorio. EEUU sabe esto, y así evita el desgaste de un intento de diálogo.

Folha de São Paulo - O sea, ¿Irán desea realmente llegar la bomba atómica?

Tellier - Ciertamente. Existen bastantes indicios recogidos por el AIEA (Agencia internacional de Energía Atómica) para diluir cualquier duda. Existen investigaciones y actividades sin relación con un programa civil y esencialmente pacífico. La motivación iraní es en ese sentido bastante compleja.

Folha de São Paulo - ¿Cuál es la complejidad?

Tellier - El programa nuclear fue relanzado en 1984 por el Ayatolá Khomeini. Irán estaba en guerra con Irak, cuyas tropas habían llegado a invadir su territorio. Surgió entonces un consenso entre el clero y las clases dirigentes de que solamente un programa nuclear militar daría al país la “santuarización”. Se trata de garantizar la supervivencia y la perennidad del régimen, alejando toda amenaza militar que venga desde afuera. Irán está hoy en una situación de cerco geopolítico, y solamente poseer la bomba permitiría para dar a EEUU el mensaje de que el régimen no puede ser destruido militarmente. El arma nuclear es una herramienta para la supervivencia del régimen.

Folha de São Paulo - ¿Hasta que punto los occidentales no necesitan apostar sus fichas en las divergencias internas?

Tellier - Circula en los EEUU un plan para fortalecer a los reformistas, que tendrían sobretodo esto un concepción más elástica. Pero no creo que sea una buena estrategia. En primer lugar, la política nuclear no está en las manos del presidente Mahmoud Ahmadinejad. Quién manda es el Ayatolá Khamenei. La elección de Ahmadinejad, en junio de 2005, cuando ocurrió la última confrontación política entre reformistas y ortodoxos, no tuvo un impacto directo en los planes nucleares. Eran planes definidos hacía tiempo.

Folha de São Paulo - ¿Un presidente reformista no modificaría esos rumbos?

Tellier - Nada cambiaría, aún si Mohammad Khatami [presidente reformista hasta el año pasado] estuviese todavía en el poder. Las grandes decisiones relativas a las “sensibles” actividades nucleares son consensuales entre los grupos que coexisten dentro del régimen. Es para ellos una cuestión de supervivencia. Las divergencias entre reformistas y conservadores tienen poco valor.

Folha de São Paulo - ¿Hasta qué punto sería eficiente una operación militar que destruyese las instalaciones nucleares iraníes?

Tellier - En el caso de que se entienda por “operación militar” una invasión terrestre de Irán, estaríamos en el campo del delirio. No es algo “realizable”, y tampoco podemos imaginar que EEUU desea abrir un segundo frente, paralelamente a las dificultades que encuentra en Irak. La única opción “seria” estaría en el bombardeo aéreo de las instalaciones nucleares. Pero tal operación trae enormes incertidumbres. El programa nuclear iraní fue bastante descentralizado geográficamente. Fue concebido de manera opuesta al qué Saddam Hussein desarrollaba en Irak, con laboratorios e instalaciones en un mismo lugar, lo qué facilitó el trabajo de Israel al bombardear, en 1991, el reactor en construcción de Osirak. En Irán hay decenas de instalaciones nucleares, algunas de ellas en lugares desconocidos, construidas a lo largo de 22 años. En caso de bombardeo, no hay garantías de que el programa nuclear sea aniquilado. Estará, como máximo, sometido a un retraso.

Folha de São Paulo - ¿E Irán no contestaría, si fuera atacado por fuerzas extranjeras?

Tellier - Con certeza. EEUU estaría sujeto a represalias contra sus militares en Irak. Y están también los actos del terrorista, tomando como blanco los países implicados.

Folha de São Paulo - ¿Cree que el Consejo de Seguridad llega un acuerdo con respecto a las sanciones?

Tellier - Teherán cree, y con razón, poder contar con el veto de Rusia y China, en el caso de un proyecto de resolución que intente imponer sanciones económicas importantes, como el embargo sobre su petróleo o congelar las inversiones iraníes en el exterior. Moscú y Pequín son sinceros en la tentativa de proteger la república islámica. Irán es el segundo proveedor de petróleo de China, que necesita energía abundante en razón de los altos índices de crecimiento económico. Por otra parte, Rusia, China e Irán tienen una visión común sobre su medio ambiente geopolítico. Todos buscan limitar la influencia de EEUU en Oriente Medio y Asia.

Folha de São Paulo - ¿Cómo?

Tellier - No es una casualidad que el año pasado, en la misma semana en que Ahmadinejad fue electo, Rusia y China admitieran a Irán como observador de la SCO (Organización de Cooperación de Shangai), una alianza regional cuyo objetivo implícito es el de la marginalización de la influencia norteamericana en Asia. Estamos asistiendo en este principio del siglo XXI a la emergencia de este bloque, con intereses políticos y económicos convergentes. Para resumir, soy pesimista en cuánto a la posibilidad de sanciones que coloquen a Irán de rodillas en razón de su proyecto nuclear. Los debates en el Consejo de Seguridad ser paralizarán rápidamente, a no ser que se voten sanciones con un peso meramente simbólico.

Folha de São Paulo - ¿Estaríamos entonces observando de brazos cruzados el nacimiento de una nueva Corea del Norte?

Tellier - La comparación con Corea del Norte es pertinente, puesto que en ese país occidente está sin poder para detener un programa nuclear mucho más avanzado o disuadir a los norcoreanos de probar misiles. Con respecto a Irán es necesario construir una estrategia de largo plazo, que no pretenda derrumbar el régimen islámico o aniquilarlo por la vía militar. Es necesario, en cambio, invertir en la sociedad civil, en su juventud, que demuestra una voluntad democrática y laica. Infelizmente esa juventud recibe una cantidad reducida de “mensajes” de occidente. Nada se les dice a los estudiantes, que son hoy los únicos que se disocian de las ambiciones nucleares.

Folha de São Paulo - ¿Se puede ver, en todo esto, un cierto riesgo para Israel?

Tellier - Infelizmente debemos interpretar literalmente las escandalosas declaraciones del presidente iraní (“barrer a Israel del mapa”, la negación del holocausto, la propuesta de deportación de los israelíes a Austria). Irán no lanzaría una bomba atómica contra Israel, que es alternadamente capaz de contestar a la misma altura. Con la bomba atómica, Irán se blindaría para ejercer políticas destinadas a dañar a los israelíes. El gobierno iraní apoya a los que combaten a Israel, sobre todo los que hacen uso del terrorismo. Tal injerencia se multiplicaría en caso de que Irán tenga la certeza de que, en razón de la bomba, no sería atacado. La revolución islámica tendría un nuevo aliento para ejercer la expansión de su sectarismo ideológico. En su solidaridad o en su oposición, Oriente Medio se zambulliría en un período de radicalizaciones.

João Batista Natali


Traducción: Erika B. de Alonso
Versión original del artículo (en portugués):

Original -en portugués- en el sitio de la Folha de São Paulo

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