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HERRAMIENTAS

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Directrices Invariables
Por Rubén Famá
Publicado digitalmente: 26 de junio de 2006

Toda propuesta política conlleva inevitablemente en su constitución y desarrollo un determinado conjunto de definiciones de orden político, a partir de las cuales se desgranan otras tantas; relativas a diversos aspectos específicos en materia económica, financiera, militar, cultural, social, territorial, ambiental, etc.

Tales definiciones no pueden concebirse en abstracto, ni a partir de la simple voluntad o deseos de los distintos actores sociales o políticos; son ideas fuerza que se van conformando desde y en relación a los distintos proyectos en pugna, en el marco de una construcción política, en donde se elaboran diagnósticos, se fijan objetivos; impactando en la realidad desde la práctica misma.

En esta perspectiva una propuesta política movimientista deberá contar de forma ineludible con determinadas definiciones a modo de directrices invariables, fruto de un determinado diagnóstico del marco de situación histórico, de la delimitación clara de objetivos y de una práctica histórico-social que le otorgue sustento en la realidad y proyección de futuro.

Como tal el “Movimiento” por sobre todo se define como una determinada práctica de construcción social y política. Se trata de sintetizar y encolumnar a la mayor cantidad de voluntades en el marco de un conjunto de definiciones, de directrices invariables, en perspectiva histórica, con la capacidad suficiente de operar en la realidad presente y con la potencialidad de proyectarse hacia el futuro; de forma tal de construir a su vez un “enfrentamiento” con el otro bloque de poder. Es así como el “Movimiento” se nutre de aquellos sectores sociales agredidos históricamente por el bloque de poder dominante, que enajenados de un ideal de Nación Libre y Solidaria, obturan recurrente y sistemáticamente toda posibilidad de desarrollo integralmente justo y equitativo. Por lo tanto el sustrato del “Movimiento” es la disputa del poder.

El “Movimiento” implica partir de una concepción para subvertir las reglas del libre juego de la democracia liberal de partidos “representativos”; implica por lo tanto “elegir” otro terreno de disputa e inclusive otra disputa; es decir la disputa por el poder. El “Movimiento” niega, afrontándolos, los escuetos márgenes de disputa que ofrece el sistema político de representación pluripartidista; rechazando la idea de la naturalización del país oligárquico.

El “Movimiento” también implica definir al “enemigo”. No puede existir “Movimiento” sin “enemigo”. No se puede elegir, segmentar, eludir, licuar ni mucho menos obviar al “enemigo”. Otorgarle existencia al “enemigo” significa uno de los puntos de partida del “Movimiento”. Significar al “enemigo” es determinar cómo se conforma históricamente, cuáles son sus actores sociales, sus protagonistas políticos, definir su envergadura, su logística, su territorialidad, su práctica, su cultura; en definitiva conocerlo y conocer qué hace y cómo lo hace.

El Peronismo fue un determinado, concreto y circunstanciado momento organizativo del Movimiento Nacional. Las masas trabajadores excluidas como tales del sistema político, constituyen el Peronismo entorno a las figuras gigantescas del Gral. Juan Domingo Perón y Eva Perón; asumiendo por lo tanto en su composición genética la tarea histórica de la Liberación Nacional y Social.

La distribución del ingreso nacional a favor de los trabajadores en mas del 50 %, la organización popular generada en consecuencia en los marcos del movimiento obrero, la conformación de una economía nacional con sectores fuertemente interrelacionados con el consumo interno, nacionalización de los servicios públicos, del sistema de seguros y del bancario, así como del comercio exterior (como se verá mas adelante con algunas excepciones), rescate de la deuda pública externa, comercio bilateral, utilización de un sistema de cambios controlados y dirigidos a favorecer las compras realizadas en el exterior por las industrias, estímulo al poder comprador del mercado interno mediante el aumento nominal del poder adquisitivo y del nivel de vida de los trabajadores, concretos desarrollos de industrialización liviana y semipesada como base material para afrontar e inclusive promover los saltos tecnológicos hacia fases superiores, un Estado rector y pensante para un desarrollo endógeno y planificado, un expandido y eficiente sistema de salud pública; entre otros logros y medidas de gobierno adoptadas y llevadas adelante, conformaron un escenario nacional de disputa por el poder de consecuencias impredecibles.

En su derrotero histórico el Peronismo como expresión organizativa del Movimiento Nacional, estructuró su práctica (de gobierno y de resistencia) a partir de un conjunto de directrices invariables y no desde un glosario de buenas intenciones. Directrices invariables definidas concretamente e incluso muchas de ellas llevadas a la práctica. Como síntesis; bien podemos remitirnos al texto constitucional de 1949; fundamentalmente en sus artículos 38, 39 y 40.

El Estado manejó durante este período los sectores decisivos de la economía, regulando su funcionamiento. Por una parte el mercado interno, al que se dirigía la mayor parte de la producción, consolidó la tendencia iniciada en la década del treinta; por otro lado el mercado exterior produjo una fuerte entrada de divisas fruto de la venta de nuestros productos tradicionales, que permitieron impulsar una política económica nacionalista, dominando el comercio de exportación, alcanzando con ello márgenes de maniobra para apoyar directamente a la industria a través del crédito y el cambio preferencial e indirectamente con los aumentos de salarios.

Sin embargo es necesario detenernos en los errores o limitaciones de este proyecto, de forma tal de aprender de la experiencia histórica del “Movimiento”; para comprender y asimilar que la reacción de 1955 no se trató sencillamente de un arrebato gorila; por el contrario fue la reacción de aquellos sectores minoritarios que aprovecharon su poderío en momentos que el proyecto popular presentaba fisuras que era indispensable corregirlas. Momentos en que era necesario un cambio de ritmo en las transformaciones iniciadas, un replanteo político organizativo del Movimiento popular, ya a esa altura con alarmantes niveles de burocratización y alcahuaterismo.

Si bien el IAPI llegó a monopolizar el comercio de granos hasta un 99 % en 1949, no se tocó a la comercialización de la carne, ni las de lanas, ni la propiedad de la tierra (recordemos la ilegitimidad originaria de los propietarios latifundistas de la tierra en nuestro país; para lo cual de muestra nos basta con apuntar que “sólo” entre 1876 y 1893 se enajenaron 42 millones de hectáreas de tierras públicas, llegando a subastarse en Londres a $ 0,48 la hectárea). En el caso de los frigoríficos; se los subsidió mediante adelantos que representaron pérdidas que llegaron a los 1.000 millones de pesos en el período 1949-1953. En 1946 el 2,6 % de los establecimientos industriales (2254 establecimientos) controlaban el 65 % de la producción y ocupaban el 49 % de los trabajadores; mientras que el “capital nacional” aparecía controlando el 45 % de la producción y el 56 % de la mano de obra ocupada. Para 1955 las empresas extranjeras representaban en forma directa el 12 % del capital industrial; que ligados al “capital nacional” significó un enorme obstáculo que limitó objetivamente el ulterior desarrollo del proyecto nacionalista, resultando en definitiva la base material de la reacción gorila de 1955.

Lo que en 1945 había sido una concentración de poderío mediante la amalgama de fuerzas diversas, se transformó en causa de nuestra debilidad, cuando éstas tendieron a chocar. En lugar de aquella unidad existía una dispersión que se disimulaba por el liderazgo de Perón, aceptado sin reservas por la clase trabajadora y con apatía creciente por los otros sectores de nuestro Movimiento, hasta convertirse en simulación a la espera de la oportunidad para defeccionar. (La lucha por la Liberación Nacional - J.W.Cooke - Pag. 83 - Granica Editor - Julio de 1973).

La onda expansiva de proyecto del Peronismo como expresión del Movimiento Nacional (con todos sus déficit a cuesta) llegó a irradiar al conjunto nacional hasta finales de la década del ochenta del siglo pasado; encontrando su sepultura definitiva en el proyecto político impulsado por la formación política y social que asoló estas tierras durante la década del noventa y que se dio en llamar menemismo (articulado fundamentalmente entorno al Partido Justicialista y la estructura de Gobernadores); y que por cierto resultó muchísimo mas que Menem y su grupo de cómplices y secuaces mas inmediatos. Dicho proyecto hoy tan denostado retóricamente significó y significa ni mas ni menos el mas perverso producto que el sistema político emergente de la pasada dictadura oligárquico - militar, desarrollara a fin de reformular una nueva formación social y la institucionalización de un régimen de saqueo, bajo la conducción ideológica de lo mas granado del bloque oligárquico de poder dominante. Este proyecto congregó la complicidad de empresarios, ministros, gobernadores, legisladores, funcionarios, periodistas; el oportunismo irresponsable de militantes, sindicalistas, agrupaciones políticas, la activa participación de figuras estelares del ambiente artístico y cultural ; la conformación de una base social, e incluso, hasta mayorías electorales.

De forma tal logra cristalizarse en medio del caos generado y la catástrofe planificada, la sustancia de la propuesta ideológica liberal. El paradigma político central del pensamiento neoliberal o conservador consiste en una especie de “elitismo democrático”, fijándose como uno de sus principales cometidos la administración del problema de la distribución de la igualdad de oportunidades y de la “exagerada” participación popular en asuntos de interés público, mediante la generación -a modo de sistema político- de varias capas o clases sociales encabezadas, desde arriba hacia abajo, por una “elite política” de autotitulados dirigentes; seguida por una infinita variante de cortesanos, con diversos niveles de retribuciones económicas y de distinciones; seguida por profesionales serviciales, unos por convicción ideológica, otros por conveniencia económica, otros por intereses políticos y otros como los típicos idiotas útiles; y seguida también por sectores de la clase media y de demás clases subalternas, con conocimientos de niveles medios, a veces funcionales, a veces opositores.

Nuestra actual “forma democrática”, emergente de la dictadura oligárquico-militar, y construida a partir de 1983, se ha caracterizado por una creciente distancia entre el grueso del Pueblo y la representación política. En esta perspectiva, ha pasado el tiempo en el que para calificar como democrático a un régimen bastaba con la regular elección de representantes por sufragio universal. Se hace necesaria una percepción de la democracia marcadamente mas avanzada, exigente y compleja. Un régimen democrático, no es un estado permanente e inmodificable, en el que se satisfacen normas institucionales y procedimientos jurídicos, por justos y necesarios que sean (en todo caso se debería hablar de un régimen electoral), sino que es un proceso continuo e histórico de democratización, en el transcurso del cual se persigue una versión mas avanzada y más conforme a su imaginario inicial; bien distinto a los espejismos o ficciones que nos ofrecen las maquinarias encuestadoras con sus “imágenes positivas”.

Pretender guiar las discusiones pendientes y las actuales utilizando esquemas conceptuales, matrices de pensamiento y definiciones, de tiempos en que el Movimiento Nacional se encontraba emergente y organizado en las estructuras del Peronismo, en una realidad signada por el desarrollo de la propuesta movimientista del Peronismo; es utilizar un lenguaje incapaz de significar este actual estado de cosas; sencillamente porque los significados y los significantes no son los mismos. Esto es; no son los mismos componentes materiales ni los mismos componentes mentales, los que interactúan para significar la realidad presente.

Por el contrario y tomando nota de las transformaciones y de las nuevas realidades (y de la experiencia acumulada durante décadas de otros momentos organizativos del “Movimiento”), es necesario volver a discutir cuáles son aquellas definiciones que a modo de directrices invariables deben entornar la práctica y la teoría de otro momento organizativos de aquella estructura social y política que reconocemos como “Movimiento”. Es necesario volver a pensar desde dónde planificamos; para qué y cómo se debiera establecer una secuencia preestablecida de accionares encadenados entre sí, cuya rigidez, de mantenerse, haría poco posible el acceso a circunstancias no contempladas ni deseadas. En otros términos; establecer un curso de acción en el cual cobre sentido una estrategia encarrilada por un conjunto de directrices invariables, congruentes con la necesidad cada vez mas imperiosa de hacer realidad los objetivos de una Nación Justa, Libre y Soberana.

Cada individuo posee un conjunto de valores desde los cuales derivan unos determinados fines, y es de estos fines, de donde surgen los objetivos. En dicha perspectiva; los objetivos constituyen cuestiones dependientes de una escala de valores y jerárquica. Este proceso se encuentra fuertemente relacionado con la toma de decisiones; es decir, en cómo cada sujeto organiza su experiencia, sus conocimientos previos y el sentido común como trasfondo cultural; como trasfondo de nuestra historia social e individual. En esta definición radica parte importante esencial de lo que aquí se sostiene y en contradicción con la idea de un mundo pre-dado de objetos sobre los cuales “aplicamos recetas”. La cultura del observador constituye el sustrato sobre el cual se construye la mirada, el discurso. Sólo se ve aquello que tiene nombre. Es posible decir entonces, que la observación depende siempre de herramientas conceptuales, lo suficientemente flexibles como para que ésta, como estrategia, pueda emerger con soluciones a partir del encuentro con lo novedoso.

A la luz de lo acontecido en nuestro país -fundamentalmente- en las últimas tres décadas, es indudable que se ha instituido peligrosamente una escala de valores a partir de una mirada de la realidad que pretende eternizar cierto estado de cosas. Por lo tanto y coincidiendo con uno de los preopinantes; pasemos a lo concreto, sin abstracciones de por medio: El 26 de julio de 1993 se promulgó la Ley 24.228 de Acuerdo Federal Minero, suscripto el 6 de mayo de ese año por Carlos Menem, y los gobernadores. Sus puntos números 4 y 5 exhorta a que el Estado nacional y sus pares provinciales hagan lo posible para atraer al capital extranjero a ¿invertir? en la explotación minera, y “profundizar el modelo de descentralización de las funciones básicas del Estado” en cuanto a minería.

¿Quiénes firmaron semejante barbaridad? Encabezados por Menem; los gobernadores Eduardo Duhalde, Carlos Maestro, Eduardo Angeloz, Mario Moine, Rubén Marín, Ramón Puerta, Jorge Sobisch, Horacio Massaccesi, Adolfo Rodríguez Saá, Néstor Kirchner, Carlos Reutemann, Ramón Ortega; el ministro de Economía Domingo Cavallo, el ministro del Interior Gustavo Béliz y el secretario de Minería, Ángel Maza. Sólo las reservas de oro no explotado ascienden a 40.000 millones de dólares, en un país que, gracias al neoliberalismo, tiene la mayor deuda externa per cápita de Latinoamérica. José Luis Machinea prorrogó, en diciembre de 2000, por otros 10 años la concesión a Repsol-YPF del yacimiento Loma de la Lata, por el cual pagó al país 300 millones de dólares: su potencial ganancia alcanza los 40.000 millones de dólares. Tenemos aquí, entre las reservas auríferas y las de tan sólo un yacimiento petrolero, riquezas por 80.000 millones de dólares, de los cuales podría disponer la Nación para impulsar un modelo inclusivo y de desarrollo. (Minería: El Saqueo Subterráneo - Cinco Siglos Igual - Equipo de Investigaciones Rodolfo Walsh - Publicado en El Descamisado Nº 8 - Febrero - Marzo de 2004). Y esto continúa plenamente vigente !!! Y los “emprendimientos” por llamar de alguna manera a este saqueo bochornoso se suceden unos tras otro, año tras año; debiéndose resaltar el proyecto minero en la Provincia de Catamarca Bajo la Alumbrera. Es importante remarcar que de acuerdo a la ley de minería antes señalada y hoy vigente, los “inversores” solo estarían obligados a tributar el tres por ciento de regalías sobre los datos contenidos en la declaración jurada que ellos mismos manifiesten, pero con el agregado que el propio estado reintegra, es decir, subsidia dicha actividad entre un cinco y un ocho por ciento del total del volumen exportado, por tratarse de exportaciones no tradicionales. CON LO CUAL EL ESTADO SUBSIDIA EL SAQUEO; sin olvidar el terrible e irreparable daño que estas explotaciones generan en las poblaciones locales. Es indudable que en la nueva configuración de la geoestrategia planetaria; los recursos naturales han pasado a constituir un componente tan escaso como estratégico, ligado fuertemente al ciclo de la producción a partir de una lógica totalmente diferente a la imperante hace cuatro o cinco décadas. La explotación y comercialización del cobre ha dado un giro sustancial en los últimos veinte años a escala mundial; entre otras causas, por constituirse en una materia prima indispensable y por el momento insustituible para todo el soporte material de las nuevas tecnologías. Es un punto de coincidencia generalizado, ya indiscutido, que la generación de energía a base de combustibles fósiles, constituye un recurso en acelerado proceso de seguro agotamiento; obviamente de encarecimiento sostenido y por lo tanto fuente de ingentes recursos monetarios y financieros de liquidez inmediata. El irresponsable abandono por parte del Estado Argentino de una política petrolera nacional, es único en el continente: valga como ejemplo que las corporaciones extraen petróleo y gas sin que ningún organismo público las controle, hacen declaración jurada y pagan las regalías más bajas del continente -12%- cuando hoy se rediscuten los contratos para llevarlas al 50%.

Pero las liviandades del gobierno no terminan allí: acaba de otorgar, hace pocas semanas, otra monumental concesión a la fraudulenta Repsol. Se trata de amplios permisos de exploración y concesiones de la plataforma marítima continental, que es la mayor reserva de hidrocarburos que nos queda a los argentinos. Como si fuera poco, la concesión dispone la libre disponibilidad de los recursos y se realiza sin licitación de ninguna especie, eligiendo a los concesionarios y operadores sin basarse en ninguna norma previa.

¿Cuál es la razón para que el Gobierno Nacional nos haya dejado en tal estado de indefensión, cuando todavía en el país hay un altísimo índice de desocupación y pobreza? Estamos hablando de un millonario recurso que hoy cotiza a 70 dólares el barril, factura en el país 22.000 millones de dólares anuales dejando una renta que supera los 12.000 millones. (Revista El Descamisado Nº 13, Editorial - Marzo de 2006, cita: Fernando Pino Solanas, Félix Herrero, Gustavo Calleja y José Rigane).

Todo tipo de estrategia que presuma de desarrollarse en los marcos de un nuevo momento organizativo del “Movimiento” no puede permanecer ciega y sorda a estas realidades; o continuar silbando bajito mirando para otro lado como si nada de esto estuviera sucediendo. La resolución en el corto plazo de este saqueo infame debe encontrar una respuesta en una directriz invariable. Se impone la tarea no menor de introducir en la agenda política nacional el tema de los recursos naturales, su explotación responsable; la apropiación de los excedentes de la renta generada en consecuencia y su preservación para las futuras generaciones; para su traducción en concretas medidas políticas de Estado. Esto es una tarea impostergable para todos aquellos militantes consustanciados con la idea de una Nación próspera, igualitaria y soberana.

Se trata establecer un marco de diagnóstico, estableciendo las prioridades desde una mirada sujeta a una escala de valores sustancialmente opuesta a la imperante -por lo menos y en lo inmediato- durante las últimas tres décadas. Desde allí, seguramente algunas acciones de gobierno merecerán aplausos, apoyos, movilizaciones y resguardo militante; otras no, y otras, como en el caso concreto hasta ahora puesto de manifiesto desde la gestión de gobierno de los recursos naturales (hidrocarburos y minería, por señalar sólo dos, de una lista abundante de casos) no pueden merecer mas que una crítica honesta sin atenuantes ni oportunismos, bajo el señalamiento inexcusable de constituir una continuidad inaceptable de un régimen de saqueo que en dichos aspectos permanece intacto y en pleno desarrollo. Todo ello, complementado con la obligación ineludible de proponer algo superior a lo que se critica, mediante la presentación de una propuesta de un plan de acción concreto para cada situación en particular, con los aspectos metodológicos para su puesta en práctica.

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¿Se puede caminar con la derecha? La historia responde

En esta perspectiva; las preferencias políticas para lo inmediato exceden ampliamente los márgenes de la simple dicotomía oficialismo / oposición; imponiéndose la necesidad de plantear claramente un marco de situación sin abstracciones de por medio y a partir de concretos análisis, sobre concretos acontecimientos que refieren a un concreto saqueo que impacta en la realidad de nuestros días cada vez con mas fuerza devastadora.

Todo esto...claro, si de lo que estamos hablando es de la construcción política de un nuevo momento organizativo del “Movimiento” para encauzar definitivamente un proyecto de Liberación Nacional y Social.


Rubén Humberto Famá, miembro de la Mesa Nacional del Movimiento Peronista Autentico
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