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HERRAMIENTAS

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Respuesta a Florencio Monzón
Güevos en la mesa, ojos en los libros
[Bambú Press]
Por Inti Alpert
Publicado digitalmente: 19 de junio de 2006

Me parece que la nota del compañero Florencio Monzón tiene un pifie agudo.

“La gente no existe, la gente representa”, diría si me pongo en cínico e inteligente al mismo tiempo. La gente no es otra cosa que expresión de una tradición, histórica, que la antecede y la excede.

Los individuos, en términos estrictos y mal que le hubiera pesado al joven Mariano Grondona, “no existen como causa sino como efecto”. El viejo ya lo entendió y ni siquiera se sorprende.

La clase obrera proto industrial argentina estuvo conformada centralmente por la corriente inmigratoria europea de principios de siglo XX, a la que después del peronismo, y no antes, se le suma la criollada oprimida, que se viene del sector rural a los cascos urbanos industrializados a ser un poco más libre.

No antes.

Desgraciadamente en la Argentina no tenemos esos atlas históricos que abundan en Europa y que son la única forma de comprender algunos aspectos de sus procesos políticos. Pero si los hubieran, veríamos que las flechitas hasta el año 40 llegan al puerto de Buenos Aires y se hunden en la tierra atomizadamente y que recién en el 1940 se concentran en puntitos confundibles con ciudades.

La clase obrera nacional es posterior al peronismo y no previa. Eso es en definitiva lo que quiero ejemplificar de forma clara.

* * *

Gente sin cultura no hay. No sobrevive. Y ya está aclarado por muchas corrientes antropológicas como para empezar a negarlo.

La clase obrera industrial argentina anterior a su proceso de desarrollo de la cuarta década del 1900 era por lo tanto clase obrera de tradición europea. Ya deberíamos saberlo.

Ellos no elegían esa visión del mundo. Ellos veían el mundo de ese modo. Y no eran invasores sino inmigrantes. Y esa gente era en muchos casos de izquierda.

No porque quisieran.

No se elige ser algunas veces. Se es.

Y esa gente, que estaba en medio de una batalla por la transformación de las relaciones de producción que vinculaban a la clase trabajadora con el estado y las otras clases, efectivamente traía en su cabeza una manera de percibir esa realidad. Una que les explicaba porqué habían destruído su mundo y los habían expulsado de sus patrias originales.

Esa gente no podía “elegir” pensar lo que pensaba. Pensaba lo que pensaba.

Y ante su existencia, que hayan habido miembros de esa "tradición" que hayan podido, pese a sus limitaciones, ver con claridad en diferentes tiempos y con diferentes costos, que el proceso peronista era la expresión política de la clase trabajadora en un país dependiente, debe ser festejado y no tratado con la falta brutal de respeto con el que los trató Monzón.

Digo brutal porque es de bruto, en términos no exactamente de “decidido”, de “valiente”, de “impulsivo”, sino de incapaz de ver la realidad de una manera mínimamente consistente. Cosa que imprevisiblemente hizo en este caso.

Decir que quienes dejaron su vida en acercar las posiciones de izquierda -que formaban parte de la realidad social nacional, de la realidad política mundial y de la estructura ideológica de importantes sectores de la clase obrera y trabajadora en general Argentina- al peronismo, es un acto menor e inclusive algo estúpido, como dice su correo, vuelvo a decirlo, es una brutalidad que merece un aprendizaje y un sincero pedido de disculpas.

Esto no lo dice un “zurdito” sino un “peronista en el buen sentido”, que tal vez gracias a la experiencia ajena, que no deja de respetar y agradecer, cuenta con una síntesis un poco más abarcadora que la suya.

* * *

A mí también la “revolución libertadora” me robó mi niñez, sabe.

Uno de mis abuelos, quehabía venido a la Argentina en los 30’s, puso una fábrica de rulemanes. Y la “libertadora” abrió la importación. Mi abuelo no entendía lo que sus socios argentinos le decían y que era que había llegado el tiempo de dejar de producir y de importar. Y terminó medio rayado, con electroshoks y todo eso, abandonando a su familia y volviendo a su barrio, el que había dejado muchos años antes producto de una elección amorosa y una vocación industrialista en un pais en desarrollo que también lo enamoró.

Volvió al Bronx y envejeció trabajando de ordenanza en la Reserva Federal.

El otro abuelo -los dos habían sido voluntarios de la Segunda Guerra, uno en cada bando- era uno de esos fachos buena onda que consideraban que el Estado era expresión de los derechos de todos, con esa síntesis tan particular que los fachos buenos suelen tener, y el 55 también le voló un poco la cabeza y también terminó peleado con mi abuela y abandonando en definitiva a su familia. Sin ser un persona de mierda y sin dejar de ser peronista.

No sé si usted lo sabe y ojalá haya tenido otra experiencia, pero una niñez sin abuelos también tiene mucho de “¿quién se robó mi niñez?”.

Sin abuelos quiere decir casi siempre sin que tengan donde dejarte cuando se van a trabajar, sin casa propia y sin mucho mimo concreto. Esto es sólo para que entiendas que no sos el único que puede hacerse esa pregunta.

* * *

Perón no leyó a Marx y se equivocó. Keynes leyó a Marx profundidad.

Era un garca. Un garca lúcido. E identificó algunos problemas graves.

La exclusión no es una disfunción del sistema capitalista sino función del mismo. El dinero no tiende al estancamiento cuando lo público se administra mal sino cuando se lo hace bien. El imperialismo no es una opción moral sino una necesidad práctica. Los ricos y los pobres no son ni buenos ni malos. El impuesto a las ganancias no es una pena contra los ambiciosos, sino un instrumento contracíclico. Los países exportadores necesariamente están tan obligados a tener una política importadora como las potencias manufactureras. Y algunas cosas más.

Perón prefirió no leer a Marx y todo esto no llegó a entenderlo nunca porque Keynes era muy mal escritor y Perón, aunque un enorme general, un mal lector.

* * *

Cuando Argentina se ubicó en una neutralidad muy parecida a una apoyatura solapada al Eje, Argentina se solidarizó con las potencias que invadían y masacraban en concreto la patria original de la inmensa mayoría de la clase obrera que aunque vivía en la Argentina, estaba viviendo su proceso de argentinización. Y que no podía, por artilugio metaconciente alguno, dejar de pensarse a si misma como se pensaba para pensarse de otra manera.

* * *

A mí dígame cualquier cosa menos “bruto” o “zurdito”.

A través de Bambú Press pretendo mandarle al compañero Florencio Monzón una apretada síntesis de cosas que algún día debe empezar a entender y una solicitud para que exprese una disculpa.

Un peronista jugueteando con la fractura del campo nacional es un contrasentido.

Jorge Abelardo Ramos y Jorge Enea Spilimbergo no son dos salamines conchabados por 5.000 pesos en el canal 7.

Y si no se dió cuenta deberá entender que además de poner “güevos en la mesa” hay que poner los ojos en los libros.

Un abrazo y espero que reflexione sobre lo escrito.

Inti Alpert


© Inti Alpert
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