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HERRAMIENTAS

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El papelón de la izquierda el 24 de Marzo
Ni el tiro del final
Por Gabriel Martin
Publicado digitalmente: 29 de marzo de 2006
La juventud muchas veces se pregunta qué pasa con la izquierda. Las opciones electorales cuando un joven de 18 años va a votar por primera vez, a no ser que ya tenga la cabeza lavada por el neoliberalismo, se pregunta una y otra vez por qué fracasan una y otra vez y son una expresión social minoritaria por debajo de el voto en blanco y la abstención, sumando a todos los partidos trotskistas juntos que van separados aunque llamen a una demagógica unidad.
La respuesta está en los ejemplos concretos que dan. El 24 de marzo de 2006, en la conmemoración de los 30 años del Golpe oligárquico militar de 1976 fue la muestra más triste que podían dar.
Desde hace unos diez años, por el repliegue que sufrieron los sectores populares tras el “Felices Pascuas” y “La casa está en orden” de Raúl Alfonsín, y el neoliberalismo de Carlos Menem y Fernando De la Rúa, derivó en un abandono de los espacios públicos. Las calles, terreno de lucha, fue ganado por el enemigo, que no es otra burguesía beneficiada con el modelo de José Alfredo Martínez de Hoz, que fue señalado por primera vez en el acto oficial encabezado por Néstor Kirchner el 24 de marzo en El Palomar, en medio de la campaña de marketing sobre derechos humanos que el kirchnerismo ideó para obtener consenso y cierto grado de acumulación.
Y esas calles, en parte, fue copada por esa izquierda idiota que se pretende erigir como la representación de la combatividad histórica de la Argentina.
Pregunta 1: si la oligarquía viera que la izquierda revolucionaria copara las calles ¿se quedaría quieta?
La respuesta, a los ojos de la historia, es un rotundo no.
Pregunta 2: entonces ¿por qué la izquierda mueve un puñado de militantes a la calle para “combatir” al capitalismo?
La respuesta, más rotunda, es justamente, porque esa izquierda es funcional a la más rancia derecha.
Antes de entrar al patético rol que jugaron en la Plaza de Mayo el pasado 24 de marzo, se pueden los ejemplos “revolucionarios” que han dado a lo largo de la historia.
Más allá de las caracterizaciones que se puedan hacer de Perón y el peronismo, si un “revolucionario” se encuentra de la misma vereda en una alianza con la derecha y la Embajada de los Estados Unidos, como ocurrió desde 1945 en adelante, como mínimo requeriría un examen de conciencia del lugar que están ocupando.
Nadie recuerda que en el Luna Park se hizo un acto convocada por la izquierda, donde el escenario estaba decorado con las fotos de Winston Churchill, Joseph Stalin, Truman (quién ordenara por primera vez el uso de bombas atómicas sobre población civil) y Codovilla, cabeza del stalinista PC Argentino (PCA). Es el mismo espectáculo que hicieron en la Legislatura porteña donde el PO y el MST festejaban junto al machismo la destitución del inútil de Ibarra por la tragedia de Cromañón.
Ese examen no lo hicieron, y cuando la clase trabajadora apoyó a Perón, el izquierdismo ilustrado acusó a la demagogia y al populismo, a la manipulación que en realidad se vio patentada en la Constitución Nacional con todos los derechos para la clase trabajadora (no es motivo del presente artículo enumerarlos), que las mediaciones siempre tiendan a beneficiar al trabajador (todo lo contrario a lo que pasa ahora) y el voto femenino, otro acto demagógico para que Perón consiga la reelección, aunque si hubiese dejado las cosas como hasta entonces y la mujer no tenía permitida la expresión mediante el voto, sería otro motivo para acusar a aquel gobierno de fascista. Es decir, en pocas palabras, los negros son idiotas que se dejan engañar.
Cuando conviene, la clase trabajadora es la vanguardia motor de la revolución, pero desde hace seis décadas son los parias analfabetos de siempre.
Es por ello que pese a la barbarie que inició la violencia política de la segunda mitad del siglo XX en la Argentina, el bombardeo a la Plaza de Mayo y varios otros puntos del país, no fue únicamente apoyada por la derecha reaccionaria, sino que una vez más esa izquierda se encontró junto a lo más reaccionario de la Iglesia, y para no ser menos, participó activamente en la “Revolución Libertadora” como la “gran” Alicia Moreau de Justo, del Partido Socialista, en el pseudo gabinete del dictador Lonardi.
No les importó que mediante un decreto se proscribiera al mayor movimiento político, ya no en la figura de su cabeza, Perón, sino como expresión masiva de clase.
En los ’60 siguieron hablando de la revolución. Pobre Lenin, lo leyeron al revés. En el ¿Qué hacer?, señala clara mente que hay que conformar revolucionarios profesionales, es decir, dedicados día y noche a la revolución, a tiempo completo, metodológicamente y meticulosamente.
La izquierda argentina se hizo “profesional de la revolución”, esto es, proclamar la revolución que jamás siquiera intentarían hacer. Pero servía para conseguir los recursos económicos para financiar para sus dirigentes, la vida burguesa a la que decían oponerse. Profesionalmente se dedicaron a hablar de esa revolución, o a frenarla mejor dicho, por orden de Moscú, ya que tanto el PCA como el Partido Socialista seguían las directrices stalinistas de Moscú (con Stalin muerto), para frenar la revolución, entonces llamaban al etapismo, a conformar al capitalismo nacional que no era otro que la oligarquía que venía saqueando al país desde antes de la revolución del 25 de mayo de 1810.
Como muestra de fidelidad a Moscú, como muestra alcanza un botón. Moscú, enfrentado a La Habana se oponía a los emprendimientos de extender el movimiento revolucionario en el mundo. O como decían los izquierdistas argentinos, “esos barbudos aventureros”.
Entonces el Che Guevara vino a Bolivia a hacer la revolución que pregonaba para luego extenderla a la Argentina. Y el Che fue entregado (con todas las letras) por Moscú, el PC boliviano y el Partido Comunista Argentino. Nadie quiere hablar de cómo lo dejaron aislado y cuando estuvo cercado no movieron un dedo para asistirlo en un repliegue. Y esto va más allá de las caracterizaciones aventureras del Che. No dejaba de ser un revolucionario, y los profesionales de la revolución, lo hicieron caer. Y cuando en la Argentina las organizaciones políticas discutían la lucha armada como método para derrocar al proyecto de dictadura de dos o tres décadas de Onganía, volvieron a apuntarlos con el dedo como “izquierdistas aventureros”, como hicieran no sólo con las organizaciones peronistas, sino que también lo hicieron con el PRT de Santucho, un hombre que podía ser cualquier cosa menos peronista.
Los ’70 los vio pasar sin pena ni gloria. Pero para el Golpe de Videla, pasaron a la vergüenza: el Partido Comunista Argentino apoyó el Golpe, porque Videla no era un dictador duro como Pinochet sino que era aperturista y democrático que vino a poner orden al caos de Isabel y López Rega.
Sobre la “poca dureza” de Videla bien podrían mandar un equipo de buzos al Río de la Plata y hacer una encuesta a los cuerpos de los desaparecidos arrojados allí.
De hecho, de tan revolucionario que era, y como Videla llegó para combatir a los revolucionarios, el Partido Comunista Argentino fue el único partido que permaneció en la legalidad. Y bajo ese paraguas se resguardaron los dirigentes del Partido Obrero, como Altamira y Rieznik (El PO es tan democrático que Altamira es el titular desde hace más de treinta años). Cuando no estaban los que participaban colaborando con la Dictadura, lisa y llanamente señalando en las fábricas a los delegados de las organizaciones combativas.
No lo hicieron todos, pero hubo una generalidad marcada por la política de esos partidos, como el PCR en su “asistencia” a Camps en la represión bonaerense.
Y esto no implica negar la complicidad de gran parte de la dirigencia de la derecha del peronismo, como tampoco del radicalismo, ambos los partidos mayoritarios, con el “gran” Balbín acusando a los obreros en plena lucha de clases como “guerrilla industrial”. A los primeros que reprimió y desaparición la Dictadura, fue a los trabajadores obreros, siendo el grueso de los desaparecidos.
Pasado el repliegue, del ya golpeado movimiento obrero y sectores combativos, más el desprestigio impuesto desde la superestructura de los Dos Demonios sustentada por el supuesto libro de cabecera “Nunca Más”, esta izquierda se montó con las banderas combativas que nunca habían levantado. Los que criticaban de aventurero delirante al Che, ahora ponen su emblemático rostro en las banderas coloradas. Pobre Ernesto si los viera.
De hecho el PC hizo un pedido de disculpas tres décadas más tarde por su complicidad con la Dictadura, con el mismo efecto que el Vaticano pidió perdón por el genocidio cometido por los “descubridores” de América sobre los pueblos originarios. Igual que ir a confesar los pecados: absolución y a seguir pecando.
Hacia mediados y fines de los ‘90, los 24 de marzo se convirtieron en actos partidarios donde sin tapujos, en vez de conmemorar y reflexionar sobre los desaparecidos y el terrorismo de Estado, se levantaban consignas que en ese momento, contexto y motivo, eran absolutamente desubicadas. Pero hasta el 24 de marzo pasado, al frente del palco tenían una tribuna adicta que aplaudían las consignas que lanzaban.
¿Por qué organizaban el acto? Porque como antes practican el “entrismo”, hace tiempo que mandan militantes a “colaborar” con los organismos de Derechos Humanos, y es así como ensucian la conmemoración de los verdaderos revolucionarios desaparecidos, y revolucionarios sobrevivientes. En pocas palabras, vivieron colgados de los pañuelos de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
Con motivo del 30 aniversario del Golpe Genocida, esto cambió y lo reflejaron con lucidez las Madres y Abuelas, auténticas protagonistas del acto. Fue público por todos los medios como esa banda de trotskistas que leyeron mal la Revolución Permanente, o en el mejor de los casos, un resumen de interpretación sobre las obras de Totrsky y Lenin, terminaron por aislarse en su propia torpeza y demostraron su soberbia y falta de respeto.
Las consignas que lanzaban desde el palco eran condenas a Bush, acusaban a Estados Unidos de utilizar bombas con fósforo blanco sobre Falluyah, apoyaban al pueblo iraní contra la amenaza imperialista, las barbaridades de la Base de Guantánamo como campo de concentración de detenidos en Oriente Medio, y la libertad a los cinco cubanos detenidos en Estados Unidos, entre otras consignas. Ninguna puede ser contrariada porque razón no les falta. Les faltó sentido común y ubicación: en vez de manipular la conmemoración del Genocidio, que las supuestas 300 organizaciones de izquierda (sellos de goma) que firmaron el documento leído, convoquen a un acto propio y que ahí se vea si son capaces de llenar al menos una plazoleta.
La máxima barbaridad fue la comparación directa de Kirchner con Videla. ¿Hace falta decir algo sobre semejante caracterización hecha por el Partido Obrero, el MST, el PCR y el PC entre otros?
Lo que no se aguantaron los organizadores del acto fue que por primera vez, el frente del acto fue ocupado por banderas celestes y blancas y no por las banderas coloradas de sus organizaciones.
El acto es del pueblo, y cuando el pueblo canta una consigna, se la debe respetar y no como hicieron, taparla desde los parlantes del escenario. Los protagonistas del acto no eran ni más ni menos que las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que en plena Dictadura salieron a pedir la Justicia que nunca les iban a dar. Y siguieron y siguen peleando por la verdad. Pero ellos querían ser más protagonistas.
El acto del 24 de marzo debía haber tenido sólo la Carta Abierta a la Junta Militar de Rodolfo Walsh y la palabra de las Madres. Punto. El protagonismo estaba allí y no debió pasar de ahí.
Pero querían capitalizarlo políticamente y demostraron la intolerancia y gorilismo de siempre. Porque si de política se debe hablar, los perseguidos y desaparecidos fueron los militantes políticos del peronismo, sean delegados o miembros de Montoneros y las organizaciones de superficie (JP, JTP, JUP, MVP, etc.), y el PRT-ERP fuera del peronismo, como otras menores, que sufrieron la persecución, cárcel, tortura, asesinatos y desapariciones. Porque ellos tomaron constitucionalmente las armas contra la violación de la suspensión de la misma. A eso invita y da derecho la misma Constitución Nacional. Unos tomaron ese camino, para bien o mal. Otros optaron por la cobardía política.
Todos y absolutamente todos los que se golpean el pecho en estos actos, ya se habían tirado debajo de la mesa cuando apenas escucharon hablar de la Triple A. Ante la Dictadura, como mínimo fueron cómplices por “omisión”.
Y desde el palco una vez más tildaron de prepotentes a las organizaciones que se plantaron al frente, porque ahí debían estar, según ellos, el PCR, el PO, el MST y el PC como si fueran dueños de un espacio que no les perteneció jamás.
Culparon a quienes estaban al frente de no permitir el ingreso de las Madres. Pero coordinadamente abajo se les abrió un cordón para que llegasen las verdaderas protagonistas del acto: las Madres. Y las Madres llegaron.
Sumaron calentura y como si fuera poco, no dejaban hablar a las Madres, ya Carlotto como titular de Abuelas se tuvo que ir del palco y de inmediato condenó la manipulación a la que pretendían someterlas. Arriba, las Madres saludaron para irse en repudio y para frenar el papelón, finalmente las dejaron hablar.
Desde abajo, las organizaciones de los “negros” sólo pedían con un cántico: “Que hablen las madres la puta que los parió”.
Lo primero que dijeron las Madres fue que no firmaron el documento leído por ese trotskismo deforme (también pobre Trotsky, si viviera los mete en el Palacio de Invierno y terminan como los zares). Una de ellas con su pañuelo alentaba al pueblo congregado justo debajo, juntando sus puños y dando fuerzas.
Las Madres hablaron, y cuando terminaron, con otra muestra de falta de respeto, en vez de dejarles la última palabra, volvieron a repetir histriónicamente aquellas consignas que las Madres repudiaron. Una vez más, las Madres hicieron señas con la mano que “No” y se retiraban, pero una tomó el micrófono para retomar la palabra. Y uno de los militantes que organizaron el acto, lisa y llanamente no la dejaba hablar y cuando esta tomaba la palabra, gritaba desde otro micrófono. Ante la ira que produjo ante el público, tuvo que cederle la palabra. Pero en una muestra de respeto, le cortaron el micrófono.
Y cuando fue a hablar la última Madre, le apagaron las luces y apenas era iluminada por las luces de las cámaras de televisión.
¿Hace falta hacer semejante bochorno?
Hasta el 24 de marzo, vivieron colgados de los pañuelos de las heroicas Madres y Abuelas. Ahora, ni el tiro del final les salió.
Esta es la supuesta izquierda revolucionaria que lucha contra la partidocracia dominante y el Estado Burgués. Pero se financian con el Estado, como los cheques que le diera Eduardo Duhalde en su interinato como presidente. Y lo que es peor, aceptan del Estado los planes asistenciales para cobrarles a los beneficiarios, que no son más ni menos que los desocupados más relegados de esta sociedad, un porcentaje para financiar sus actividades partidarias, como también usan recursos del Estado en los bastiones que levantan en las universidades para usar las imprentas del Estado para hacer sus afiches y panfletos. Entonces ¿qué los diferencia del peor puntero bonaerense del PJ o de la UCR que lucra con la necesidad de los pobres? Nada. Porque la dialéctica de las proclamas no significa nada si no se les pone el cuerpo detrás, como sí hicieron los desaparecidos y sobrevivientes que debían ocupar la Plaza de Mayo.
Esta izquierda dice ser distinta de la partidocracia dominante. Esta, cuando hace un acto, renta decenas de micros para garantizar la concurrencia de la militancia al acto. A esto se le dice “mover el aparato”. En la 9 de Julio estaban los únicos micros que movilizaron militantes, pero en vez de bajar de ellos militantes movilizados por “el aparato” bonaerense, salían hombres y mujeres con banderas del Partido Obrero.
Esta izquierda dice estar en contra del sistema democrático burgués parlamentarista. Pero se presentan en todas las elecciones, y encima con los mismos candidatos. Así les va.
Un ejemplo es el dueto Pitrola (PO) y Castells (MIJP), que son los dirigentes piqueteros más renombrados mediáticamente, y que tienen esa práctica del “peaje” a los beneficiarios. Por eso a los piquetes todos viajan en micros escolares o en tren y Castells en un ómnibus cinco estrellas.
En el acto condenaron a los “presos políticos” que hay ahora. Incurren acá en una falsedad, porque hoy no hay ni un solo preso político. Para destacar está la consigna del pedido de libertad para Romina Tejerina, la joven violada y que no pudo abortar ante la negativa judicial y asesinó a su bebé. En todo caso debe cuestionarse a la Justicia, pero de ahí a que Tejerina se a una presa política hay una distancia semejante a la de Bush con el pacifismo.
En un Estado democrático burgués, donde la propiedad privada vale más que la vida de una persona, lo que hay son presos. Esto no quiere decir que no existan presos por su actuación en reivindicaciones populares.
En todo caso, si son tan combativos y revolucionarios y dicen levantar la bandera de los luchadores de los ’70, los ideólogos de las revoluciones rusa, china y cubana, junto con el emblema del Che, ¿Por qué no pasan a la clandestinidad y hacen lo que dicen que van a hacer? Porque si deciden participar electoralmente y luego reclaman por “presos políticos”, la contradicción es arto evidente. Como dijo un revolucionario de los ’70 en un reportaje a Indymedia, “por qué en vez de pedirle plata al Estado, si son revolucionarios, por qué no hacen un banco como lo hacíamos nosotros”.
En todo caso, hay que saber aguantársela. Si, con toda razón, se hace un acto contra Mc Donald’s como emblema del imperialismo, y se ocupa su local, que es una propiedad privada, no queda otra que bancársela si se es revolucionario. Pero el rol del Estado burgués es accionar contra esto. Y así actuaban el Che, Lenin o la militancia de los ’70. En todo caso iban mandan un comando clandestino contra los supermercados de Rockefeller o las automotrices. Pero en condiciones de clandestinidad y haciéndose cargo de las consecuencias. Estos quieren hacer la revolución pretendiendo ahuyentar a los funcionarios de la Casa Rosada al ruido de unos bombos descoordinados.
Para peor consideran que el enemigo es ese, la clase política. La clase política no es más que gerenciadora escalaba del verdadero poder que radica en la oligarquía nacional y los poderes transnacionales. El poder que hambrea al pueblo es ese, pero Trotsky usaba lentes para corregir su miopía, mientras que el trotskismo argentino prefiere ser miope a usar lentes. Y así apuntan de mal y confunden a su voluntariosa militancia de los verdaderos objetivos que se deberían tener.
Por eso, en un acto en la Facultad de Derecho de la UBA, cuando vino a hablar del socialismo nuevo que encara Venezuela, hasta Hugo Chávez los tuvo que repudiar y hasta se retira del ridículo que estas organizaciones allí estaban una vez más protagonizando.
Por eso, prefieren los actos partidarios cerrados, para sentirse aplaudidos y autoconvencerse que son la vanguardia popular, y cuando pretenden marchar al frente, cuando dan vuelta el rostro se convierte en estatuas de sal, al ver la desoladora soledad. Entonces vuelven a volcarse en concentrarse en pequeñas pajas que se hacen en los mitines partidarios.
Ahora desde los espacios que ocupan en los medios preparan la ofensiva contra las Madres y Abuelas, a quienes acusaran de vendidas y cooptadas por el sistema, que al menos, por primera vez las atendió y recibió, más allá de la manipulación que el propio Gobierno pueda hacer de esto. Ya lo adelantó Eduardo Aliverti, ya que una de las más puteadas del palco era la “colorada” Liliana Daunes, locutora de su programa Marca de Radio.
Finalmente, ahora esta banda de inútiles embanderados en rojo, apenas podrán refugiarse en el ejercicio onanístico desde los centros de estudiantes desde las universidades, desde donde creen que se puede hacer la revolución. Siempre fuera de la calle. Pero ante la respuesta popular del 24 de marzo no podrán volver atrás, porque del ridículo es del único lugar del cual no hay retorno.
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