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HERRAMIENTAS

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El conflicto gasífero entre Rusia y Ucrania
Por Ricardo Andrés De Dicco
Publicado digitalmente: 11 de febrero de 2006
Si bien la disputa comercial y el litigio jurídico formaron parte de la crisis coyuntural entre Moscú y Kiev de finales de 2005, cuya normalización de las relaciones ruso-ucranianas en el ámbito gasífero tuvieron lugar el pasado 4 de Enero de 2006 (a favor de las pretensiones del Kremlin), no caben dudas que desde la denominada “revolución naranja” de 2004 las tensiones se han ido acumulando entre Rusia y Ucrania, en un contexto de avance de la política exterior de EE.UU. sobre Ucrania para expandir su influencia militar sobre las ex repúblicas soviéticas con el objeto de ganar posiciones estratégicas en el control de la energía, y de la Unión Europea (UE) en su interés estratégico de sumar a Ucrania a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Por consiguiente, y considerando que Rusia no puede impedir a Ucrania sumarse a la OTAN, y que, por otra parte, necesita frenar el avance de EE.UU. sobre sus ex territorios, el instrumento de poder utilizado por Vladimir Putin fue mostrarle a Viktor Yushenko la fuerte relación de dependencia económica y energética que Ucrania tiene con Rusia mediante la fijación de un precio político del gas natural siberiano, en pleno arribo del tenaz invierno, que por su crudeza suele provocar incrementos significativos en los precios de los combustibles derivados del petróleo.
En suma, la jugada del Kremlin fue más que estratégica, ya que ni EE.UU. ni la UE están en condiciones ahora de financiarle a Ucrania el precio político fijado por Putin. Como fuera mencionado antes, no se trata sólo de un problema comercial y/o jurídico. Se trata de la lucha por el poder de control de la energía entre Rusia, EE.UU. y la UE. Y Rusia ha comenzado a recuperar las posiciones perdidas durante la era Boris Yeltsin, el premier ruso más favorable que han tenido EE.UU. y la UE.
Ahora bien, ¿cómo han logrado normalizarse las relaciones ruso-ucranianas? Muy fácil, mediante la introducción de los principios de mercado de general aplicación en las prácticas internacionales, que en este caso somete a la compañía gasífera ucraniana Naftogaz a cumplir los compromisos contractuales con la gigante rusa Gazprom. Es decir, Gazprom le venderá a U$S 230 por cada mil m3 a la compañía RosUkrEnergo (propiedad del Gazprombank y del Raiffeisenbank Austria), quien a su vez se lo entregará a Naftogaz en U$S 95 por cada mil m3 y cuyas diferencias las compensará Gazprom con carburantes provenientes de Kazajistán, Turkmenistán y Uzbekistán. El contrato firmado con fecha 1º de Enero de 2006 estipula que los pagos de Naftogaz se realicen en efectivo y no en carburantes.
No obstante, urge la necesidad de preguntarse cuán relevante es desde la óptica política el hecho de que Kiev se haya acercado a Occidente, manifestando simultáneamente un distanciamiento de la esfera de poder de Rusia, quien busca a toda costa tener bajo control los territorios que antes pertenecieron a Moscú.
En efecto, EE.UU. y la UE fueron los que se acercaron a Ucrania, apoyando financieramente la elección de Yushenko para impedir que el favorito de Rusia, Viktor Yanukovich, acceda al poder en Kiev. Pero, como fuera mencionado anteriormente, este acercamiento a Occidente ha puesto a Ucrania en una difícil situación, porque el poder financiero de EE.UU. se encuentra limitado por las incursiones bélicas que viene desempeñando en Afganistán, Pakistán e Irak, y los problemas de los fondos comunitarios de la UE imposibilitan que ésta brinde apoyo financiero a Ucrania, sumado a ello los escándalos políticos de corrupción y la imposibilidad de Yushenko de nombrar a un primer ministro y de la Rada Suprema (parlamento ucraniano) de disponer de las leyes pertinentes para conformar un Gabinete de gobierno, todo lo cual será echado a la suerte en las elecciones legislativas de Marzo.
Ahora bien, de continuar Kiev después de tales elecciones parlamentarias esta disputa “jurídico-comercial” como chivo expiatorio de la lucha política con Moscú, dará por resultado una profunda crisis política, económica y social en la ex república soviética que podría devenir en un caos institucional. Sobre todo cuando se consideran las opciones de contingencia que viene elaborando Rusia desde el año pasado, más precisamente la construcción y ampliación de varios gasoductos que llegarían a Europa sin atravesar Ucrania: uno de ellos pasaría por el Mar Báltico a Europa Central y Oriental, y otro a través de Grecia con destino Europa Mediterránea y los Balcanes, una ampliación del gasoducto con destino a Turquía y su posterior expansión hacia los Balcanes y otra ampliación del gasoducto que atraviesa Bielorrusia y Polonia con destino Europa Central.
Como estas opciones han tenido un fuerte apoyo de la Duma (parlamento ruso), Ucrania tendrá que elegir entre: aceptar la relación de dominación con Rusia de por vida, o intentar mantenerla hasta tanto pueda lograr acuerdos energéticos (gas natural y derivados del crudo) con Irán y Turkmenistán, quienes podrían proveerla de hidrocarburos y, por consiguiente, convertirla en competidora de Rusia por el abastecimiento a Europa. No obstante, cabe destacar que en el caso de Irán la posibilidad de lograr un acuerdo gasífero se ve muy lejana, considerando el particular accionar del Kremlin en pos del futuro del programa nuclear iraní.
Otro punto para destacar es el impacto de este conflicto en Europa por su dependencia hidrocarburífera. Según datos del informe estadístico mundial 2005 de BP, Rusia concentra el 27% de las reservas gasíferas del planeta, colocándose en el primer lugar; y también es el principal productor mundial, ya que concentra el 22% de la extracción gasífera. En 2004 exportó más de 148 mil millones de m3 de gas natural, de los cuales 122 mil millones de m3 se exportaron a la UE y los 26 mil millones de m3 restantes a países NON-UE (como Suiza y Turquía), en particular de Europa del Este. En la actualidad, Europa (UE + NON-UE) importa de Rusia el 44% del gas natural que consume; más precisamente, la UE le compra a Rusia el 23% del gas natural que consume, y los países NON-UE casi el 100%. Según las prospectivas energéticas del Ministerio de Economía, Desarrollo y Comercio de la Federación Rusa, para 2010 se espera que las exportaciones de gas natural a la UE alcancen los 137 mil millones de m3, y en 2030 alrededor de 155 mil millones de m3. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los gasoductos de exportación hacia la UE atraviesan Ucrania y Bielorrusia. Del gas que llega a Ucrania, un 85% continua camino hacia Europa y el resto queda en el país de Viktor Yushenko, para abastecer a algunas centrales térmicas pero en particular para la producción de gas licuado de petróleo (GLP) envasado en garrafas y tubos que compran sus compatriotas que carecen de provisión de gas natural por redes.
En este contexto, debe considerarse que la mayoría de los países europeos consumidores del gas siberiano, por un lado, deben estar alertas y ser conciliadores en la evolución de los tratados de integración energética entre Rusia y Ucrania, y, por otro lado, deben planificar opciones de contingencia que aseguren el propio abastecimiento energético, es decir, diversificando las fuentes de energía primaria y también la provisión de gas natural importado. Con respecto a la importación gasífera, en este momento hay muy pocos países que están más preparados que la mayoría para afrontar esta coyuntura, gracias a una excelente diversificación del riesgo de abastecimiento gasífero proveniente de varios proveedores y a una baja dependencia hidrocarburífera. Un ejemplo de ello es Francia. El país galo consumió en 2004 alrededor de 45 mil millones de m3 de gas natural, donde un 82% fue suministrado vía gasoducto y el 12% restante vía buques metaneros en estado líquido (gas natural licuado -GNL-). De Rusia proviene vía gasoducto, y representa el 23% de sus importaciones totales de gas natural; un 35% proviene de Noruega, 22% de Holanda y Bélgica, 2% del Reino Unido (todos vía gasoducto), 16% de su antigua colonia Argelia y 2% de Omán y Nigeria (los tres últimos son importaciones de GNL). Por otra parte, Francia satisface casi el 80% de su demanda de energía eléctrica con centrales nucleares, ya que el principal destino del gas es el sector industrial. En el caso de Austria no es así, pues el 77% del gas que consume proviene de Rusia, el cual se destina a la generación de energía eléctrica, insumo industrial y calefacción-cocción; situación delicada tiene también Alemania, quien importa de Rusia el 41% del gas que consume, 28% de Noruega, 24% de Holanda y el resto del Reino Unido; y en menor medida Italia, cuya importación de gas siberiano representa el 35% del gas que consume, mientras un 11% proviene de Noruega, 15% de Holanda y el 39% restante de África del Norte (Nigeria y principalmente Argelia).
En suma, si bien no caben dudas que en el mediano y largo plazo gran parte de Europa tendrá que satisfacer sus necesidades energéticas con gas natural siberiano, incluyendo países exportadores como lo son hoy el Reino Unido, Holanda y Noruega, ya que sus reservas se agotarán en la próxima década, resulta importante la diversificación tanto de los proveedores gasíferos como de las fuentes de energía primaria, a fin de disminuir la dependencia con Rusia y la hidrocarburífera en sus matrices energéticas, respectivamente. Es decir, por un lado resultaría conveniente para los europeos aumentar su importación de gas natural licuado (GNL), evaluando la posibilidad de concretar acuerdos de largo plazo con países como Indonesia, Australia, Emiratos Árabes Unidos, Qatar (tercera reserva mundial) y mayores volúmenes de Argelia e importar vía gasoducto de países como Arabia Saudita e Irán (segunda reserva mundial), y, por otro lado, desarrollar fuentes de energía primaria alternativas a los hidrocarburos (nuclear y eólica) y combustibles renovables (hidrógeno-vehicular), cuya transferencia tecnológica y ayuda financiera a los países menos desarrollados del Viejo Continente debería ser una obligación por parte del directorio franco-alemán con sede en Bruselas.

Cuando se habla de gas natural licuado (GNL), se hace referencia al metano, que es el principal componente del gas natural, el cual sufre una drástica disminución de su temperatura en una planta de licuefacción de gas natural: a -160º C (proceso criogénico), reduciéndose de esta forma su volumen en aproximadamente unas seiscientas veces, lo que facilita su posterior almacenamiento y transporte en buques metaneros, mucho más costosos que los buques que transportan petróleo crudo y/o derivados; una vez que el buque llega al país de destino, se lo vuelve a procesar industrialmente, ésta vez en una planta de regasificación, para ser luego transportado vía gasoducto a los centros de consumo: distribuidoras troncales, centrales térmicas, fraccionadoras y plantas petroquímicas. Tal proceso industrial (licuefacción y regasificación), con su peculiar sistema de transporte, sugiere que el precio del GNL pueda duplicar o incluso triplicar el valor del gas natural que se transporta por gasoducto. ç

* Ricardo Andrés De Dicco es investigador del Área de Recursos Energéticos y Planificación para el Desarrollo del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (IDICSO) de la Universidad del Salvador y del Centro de Estudios del Pensamiento Económico Nacional (CEPEN) de la Universidad de Buenos Aires. Fecha: Febrero de 2006. E-mail: idicsoenergia@yahoo.com.ar Internet: http://www.salvador.edu.ar/csoc/idicso/energia/energia.htm

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