Página Principal
Página Principal Mapa del Sitio Resumen del Sitio Contactanos Suscribite a nuestro boletín informativo Página Principal
Buscar en el Sitio:  
www.rodolfowalsh.org > Ideas > Artículos









HERRAMIENTAS

 Versión para imprimir de: (El regreso de un doxósofo)

 Generar una versión PDF de: (El regreso de un doxósofo)



Francis Fukuyama
 
Alberto J. Franzoia   
El regreso de un doxósofo
Por Alberto J. Franzoia
(¿Quién es Alberto J. Franzoia?)
Publicado digitalmente: 18 de diciembre de 2005

Los primeros días de noviembre regresó a nuestro país un oscuro figurón del capitalismo globalizante, Francis Fukuyama, autor de aquel tan mentado como ya distante "fin de la historia". Esta vez su anfitrión no fue como en los ’90 Mariano Grondona sino la Revista Ñ. Tampoco vino a discurrir sobre un mundo homogéneo en el que se ha impuesto la armonía social generada por la economía de mercado y la democracia liberal, sino que con la autoridad que acredita el "rigor" de su lamentable profecía varias veces negada por la historia real nos vino a explicar, en el auditorio del Malba (ciudad de Buenos Aires), el rol del Estado. En un artículo anterior [1] hemos analizado el carácter errante de sus planteos teóricos, por lo que valen a modo de ayuda memoria algunas consideraciones previas.

1. Fukuyama intentó predecir el fin de la historia hace más de 15 años como consecuencia del avance neoliberal sobre el paisaje soviético, lo que suponía según su argumentación el fin del conflicto mundial ya que las visiones contrapuestas darían paso a una humanidad armoniosa hija del omnipresente neoliberalismo. Sin embargo, al poco tiempo surgieron manifestaciones de conflictividad internacional expresadas por el enfrentamiento entre el régimen de Saddam y EE.UU. durante 1991. Su hipótesis para salvar el problema fue que sólo había concluido el conflicto entre las naciones civilizadas, pero que finalmente los valores occidentales y un extraordinario desarrollo económico se expandirían por el planeta.

2. El atentado a las Torres Gemelas diez años después y las consecuencias que acarreó (guerra con Afganistán y luego con Irak) favoreció una fractura política entre algunas naciones europeas y el gobierno de Bush. En estas circunstancias, sumergido en un clima cargado de decepción llegó a anunciar en 2002 la crisis de su teoría, ya que Occidente no adoptaba ese comportamiento homogéneo, asentado en valores compartidos que desde su limbo neoliberal nos había anticipado.

3. Por lo dicho se infiere que su profecía resultó un excelente negocio editorial pero una verdadera estafa filosófica, ya que no sólo han continuado los conflictos entre países "civilizados" y "bárbaros" sino también entre los primeros. Esto significa que ni la economía de mercado generó un desarrollo global de las fuerzas productivas que permita el fin de visiones contrapuestas como expresión de intereses contradictorios, ni aquellos países que alcanzaron el desarrollo tienen necesariamente valores homogéneos a la hora de abordar el futuro del planeta. Esto nos condujo a sostener que Fukuyama integra esa larga lista de doxósofos (filósofos de las apariencias) que adornan el paisaje intelectual de la llamada posmodernidad.

Para adentrarnos un poco más en la teoría de Fukuyama resulta pertinente destacar algunas aclaraciones que formuló antes del desmoronamiento total de la misma.

En 1999 [2], al cumplirse el décimo aniversario de lo que en principio fue un artículo ("¿El fin de la historia?") publicado en el diario "The Nacional Interest" y luego convertido en un libro que recorrió el mundo, reconoció que no pocos críticos le pidieron que reconsiderara sus planteos, sin embargo, sostuvo que nada de lo que había ocurrido en esos años ponía en tela de juicio su conclusión: "la democracia liberal y la economía de mercado son las únicas posibilidades viables para nuestras sociedades modernas".
Claro que de una posibilidad viable (hipótesis que no compartimos) a declarar el fin de la historia, media una considerable distancia de la cual el autor no se hacía cargo. Sin embargo, aún así reconoce una falla en la teoría:
"El carácter abierto de las ciencias contemporáneas de la naturaleza nos permite calcular que, de aquí a dos generaciones más, la biotecnología nos dará los instrumentos que nos permitirán lograr lo que los especialistas de la ingeniería social no lograron darnos. En esta fase, habremos terminado definitivamente con la historia humana porque habremos abolido a los seres humanos tal como son. Entonces comenzará una nueva historia, más allá de lo humano."
Y concluye con un discurso que nutrió su posterior libro "Nuestro futuro poshumano":
"El fin de la historia, descubrió su verdadera debilidad:
la historia no puede acabarse en la medida en que las ciencias de la naturaleza contemporáneas no hayan llegado a su fin. Y estamos en vísperas de nuevos descubrimientos científicos que, por su esencia misma, abolirán la humanidad tal como es."

Con esta afirmación por otra parte terminaba refutando a un seguidor de su teoría de la finitud, John Horgan, quien había proclamado unos años antes "El fin de la ciencia" tal como sostuvimos en otra oportunidad [3].
Lo que viene a confirmar que quien intente desarrollar conocimientos rigurosos en cualquier disciplina científica, debe abstenerse de guiar sus estudios por las modas ya que no sólo carecen de rigor intelectual sino que además suelen tener corta vida.

Cuando finalmente en el 2002 asume el fracaso de la aventura teórica iniciada a fines de los 80, no deja de aclarar que el islamismo radical y las posturas rebeldes de algunos pueblos atrasados no representan una amenaza para Occidente ya que la única modernización posible es la globalización conducida por él. Pero si bien reconoce que Occidente se unió ante el terror desatado en las Torres Gemelas, después del triunfo sobre los talibanes y ante la posibilidad de atacar a Irak advierte divergencias entre EE.UU y países europeos que lo llevan a afirmar:
"Se suponía que el fin de la historia debía ser sobre la victoria de los valores institucionales occidentales, no sólo americanos, haciendo de la democracia liberal y la economía de mercado las únicas opciones viables. Pero se ha abierto un enorme golfo en las percepciones americanas y europeas sobre el mundo, y el sentimiento de los valores compartidos se fragmenta crecientemente." [4].
Esta confesión dio por tierra con aquella profecía que recorrió la década de los noventa convirtiendo a su autor en un intelectual mimado por el sistema:
"El fin de la historia será un tiempo muy triste. En la era poshistórica no existirá ni arte, ni filosofía; nos limitaremos a cuidar los museos de la historia de la humanidad Personalmente siento, y me doy cuenta que otros a mí alrededor también, una fortísima nostalgia de aquellos tiempos en que existía la historia..." [5].

Cuando una teoría recibe semejante refutación resulta habitual que la estrella de su creador se eclipse, sin embargo, cuando el mismo es un producto generado por el sistema para garantizar el consenso necesario para su funcionamiento, puede producirse un regreso quizás sin tanta gloria como antes, pero sí con una muy bien ocultada pena. Por eso Fukuyama estuvo nuevamente entre nosotros en noviembre de 2005 (como si nada, o casi nada, hubiese pasado) para exponer sus "rigurosas" observaciones y reflexiones sobre el funcionamiento del estado en democracia [6]. Nos dice entre otras cosas:
"Las instituciones formales importan menos de lo que la gente piensa. Hubo en Latinoamérica una excesiva inversión en reformas institucionales pero se descuidaron los problemas de la cultura política."
Si bien es cierto que la problemática política de América Latina poco tiene que ver con las formas y por lo tanto con las reformas institucionales, observemos donde pone énfasis el disertante:
"Las reformas institucionales son importantes y no debemos dejarlas de lado, pero el énfasis está puesto en el lugar erróneo. El esfuerzo debe ponerse en generar consensos políticos más que en las normas políticas formales."
Allí radicaría la gran diferencia entre un sistema político tan estable como el de su país, EE.UU, y las débiles democracias latinoamericanas. En estas últimas existen incoherencias en el comportamiento de los legisladores de los partidos políticos que terminan representando trabas para que el poder ejecutivo pueda actuar eficazmente. Estos problemas los tendría Fox en Méjico. En nuestro país existe una coherencia que es más aparente que real sobretodo en el partido gobernante:
"este grado de coherencia es más aparente que real, en particular en el peronismo (Partido Justicialista, actualmente en el poder), que es muy personalista y en el que conviven ideas de izquierda y de derecha..."
Otro problema que padece el sistema político argentino es su federalismo:
"no pone límites al gasto de las provincias y obliga a una constante negociación entre los gobernadores y el poder central..."

De la conferencia de Fukuyama surge una evidencia: las normas y valores políticos compartidos, no sólo dentro de un partido sino entre distintos partidos, son los que dan estabilidad y hacen eficiente una democracia permitiendo el desarrollo de la economía de mercado.
En EE.UU. el régimen presidencialista está muy controlado (lo que lo podría volver inoperante) por lo que su fortaleza radica en otra cuestión "las cosas funcionan no tanto por la formalidad sino por la capacidad de utilizar la presidencia para crear consensos y convencer a los opositores de las reformas". Como resulta evidente en este discurso no hay referencias a la estructura económica y social sobre las que se levantan las distintas democracias, con lo que cae en el despropósito de analizar las diferencias en un plano absolutamente idealista. No vasta con cuestionar el análisis político que ha predominado en los últimos años, cuyo objeto de estudio pasa por las formas institucionales, para descubrir el meollo de la cuestión. Los valores y normas predominantes que conforman un tipo de cultura política, y que efectivamente favorecen que su desenvolvimiento sea más estable o inestable, se generan a partir de ciertas condiciones materiales imprescindibles. Allí donde gran parte de la población ha alcanzado un nivel de vida digno, es más probable lograr un consenso, del que sólo quedan afuera los sectores más marginales de dicha sociedad. Es cierto que la marginalidad va en aumento y puede convertirse en un grave problema aún para los países más desarrollados (como quedó demostrado en Francia), pero todavía conservan un alto porcentaje de población socialmente incluida, que hace del consenso político en cuestiones vitales para la nación un hecho inocultable.

Fukuyama, inmerso en ese mundo de pseudoconcreción de la que habló el gran Karel Kosik, confunde una vez más la apariencia de las cosas con las cosas mismas. Su teoría como puede observarse ha disminuido considerablemente el nivel de abstracción, sin dejar de ser abstracta. Ha perdido ese carácter universal y absolutista que lo llevo a anunciar el fin de la historia; tampoco nos habla del camino que deben recorrer todavía las ciencias naturales para llegar al fin de la humanidad tal como hoy la entendemos. Ahora filosofa sobre sistemas políticos y los compara buscando la mayor eficiencia para una economía de mercado. Pero su discurso pretende demostrar que entre una potencia imperialista como EE.UU. y los débiles países del subdesarrollo latinoamericano, la principal diferencia pasa por una cuestión de cultura política.
Quizás si seguimos los análisis de Fukuyama logremos desarrollar esos valores compartidos (tema que lo obsesiona desde "el fin de la historia") para alcanzar situaciones tan "deseables" por ejemplo, como que Chávez logre acuerdos esenciales con los socialdemócratas y los socialcristianos de Venezuela, viejos representantes del statu quo semicolonial. O que el gobierno de Kirchner se transforme en lo que era en los noventa durante la gestión Menem, un espacio de poder copado por el neoliberalismo, que no debía realizar mayores esfuerzos para abrazarse con los responsables y seguidores de la contrarrevolución iniciada en 1955. Tengamos muy en cuenta que el análisis que realizó sobre dicho período para la revista Ñ, antes de su conferencia en el Malba, nos exime de todo comentario:
"Las cosas andaban bien en la Argentina hasta...
Bueno, muchas cosas se echaron a perder a fines de los 90. Y probablemente lo más importante fue sólo una serie de malas decisiones de Carlos Menem.
Especialmente, intentar postularse para un tercer mandato. Al usar todo su capital político para extender su propia carrera presidencial terminó dilapidando toda su disciplina fiscal."

Desde nuestra perspectiva no cabe ninguna duda:
Fukuyama es definitivamente un doxósofo.

Alberto J. Franzoia
albertofranzoia@yahoo.com.ar
La Plata, Diciembre de 2005

NOTAS:

[1] Franzoia Alberto: "La teoría de los doxósofos", publicado digitalmente en Reconquista Popular e Investigaciones Rodolfo Walsh, octubre de 2004.

[2] Fukuyama Francis: "La historia sigue terminando", diario "Clarín", 27 de junio de 1999.

[3] Franzoia Alberto: artículo citado.

[4] Fukuyama Francis: "Estados Unidos contra el resto", diario "El Día" de La Plata, 28 de agosto de 2002.

[5] Fukuyama Francis: "El fin de la historia", Hyspamérica 1995.

[6] Noticias Yahoo: "Fukuyama replantea función del presidencialismo en Latinoamérica", 11 de noviembre de 2005.


Artículo enviado originalmente a la lista Reconquista Popular
© Alberto J. Franzoia
Todos Los Derechos Reservados
Para reproducir citar la fuente.
Artículos
. Carta de un teólogo ecuatoriano a la Venezuela bolivariana
. La Revolución Rusa
. Rodolfo Walsh: Su pensamiento político
. Arequito: El Ejército se identifica con el pueblo
. El inicio de la lucha contra la viruela por el Canónigo Saturnino Segurola
. Qué se dijo sobre el 17 de Octubre
. Don Bernardo de Irigoyen
. El Legado de Jorge Abelardo Ramos
. Israel y Palestina: Antecedentes
. Los intelectuales y la utopía
. Friedrich List: Poder Nacional en las raíces del pensamiento de Perón
. Hernández Arregui, ese lanzallamas
. Los límites del pensamiento de Jaguaribe
. «Populista», un nuevo insulto
. La integración de América en el pensamiento de Perón
. La Unidad de la América Indo-Española
. Hans Küng: el fígaro de Cristo
. Hegel, Marx y la Diálectica
. Hamlet: La lucha del ser y el poder de las pasiones
. Lazos de familia
. El Liberalismo o el egoísmo como móvil de la actividad humana
. En nombre de Alá
. Los locos de adentro y la locura de afuera
. El Mundo Árabe
. Las Maras: Panorama callejero centroamericano
. De la tradición gauchesca a la emergencia de la ciudad
. Historia de la Sociología en Argentina
. Respetar la diversidad cultural
. La independencia política en la independencia semántica
. América Latina: sus tradiciones populares
. Carta abierta a Norberto Galasso
. El problema de la revolución socialista en los países atrasados
. Spilimbergo y su mirada alternativa sobre la "Comunidad Organizada"
. China: El Partido Comunista en el poder (1949-1960)
. La Revolución China
. Güemes y la "gente decente" de Salta
. "¡Hay que olvidarse del peronismo!".... (¿hay que olvidarse del peronismo?)
. El año uno de la era Latinoamericana
. El Eurocentrismo
. El Materialismo Vulgar
. La Revolución de Mayo
. San Martín no fue masón
. La simbología nazi del Imperio
. Historia Universal de la infamia
. De Nixon a Bush II: para entender al Imperio
. El imperio en 2005
. No hay choque de civilizaciones
. Carta Abierta a José Saramago
. Jornada Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles
. Contra el burocratismo
. La teoría de los doxósofos
. Ayudar a los pobres beneficia a los ricos
. Tilingos
. De la caminata a la revolución
. Un replanteamiento sobre la maldición de los recursos
. La base económica del poder imperial
. Estamos viviendo en un imperio sin fronteras
. Apuntes para la Militancia
. "¿Globalización, imperio o imperialismo? Un debate contemporáneo?"
. Apuntes para una introducción y una iniciación en el estudio de la filosofía y de la historia de la cultura
. Los ojos del Duce
. El Control de los Medios de Comunicación
Ir a la sección: Artículos

 
Investigaciones Rodolfo Walsh