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HERRAMIENTAS

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Joseph Stiglitz   
Un replanteamiento sobre la maldición de los recursos
Publicado digitalmente: 26 de agosto de 2004

Existe un curioso fenómeno que los economistas denominan la maldición de los recursos, llamado así porque, por término medio, los países con grandes reservas de recursos naturales obtienen peores resultados que los menos ricos. Pero algunos países con abundantes recursos naturales se desarrollan más que otros y algunos han progresado bien. ¿Por qué el hechizo de la maldición de los recursos afecta de manera tan desigual? Hace 30 años, Indonesia y Nigeria -ambos países dependientes del petróleo- tenían una rentas per cápita comparables. Hoy, la renta per cápita de Indonesia es cuatro veces superior a la de Nigeria. En realidad, la renta per cápita nigeriana (medida en dólares constantes de 1995) ha disminuido.
Un patrón similar se puede aplicar a Sierra Leona y Botsuana. Ambos son ricos en diamantes. Pero Botsuana ha experimentado un crecimiento anual medio del 8,7% en los pasados 30 años, mientras que Sierra Leona se ha sumido en la guerra civil. Los fracasos que se producen en Oriente Medio, rico en petróleo, abundan.
Los economistas aducen tres razones para la evolución negativa de algunos países ricos en materias primas.

- En primer lugar, la perspectiva de la existencia de riquezas orienta los esfuerzos de los dirigentes a obtener una porción mayor del pastel, en lugar de crear un pastel más grande. El resultado de este acaparamiento de la riqueza es a menudo la guerra. Otras veces, el resultado es un simple comportamiento de absorción de rentas por parte de los dirigentes, ayudados y respaldados por los extranjeros. Es más barato sobornar a una administración pública para que proporcione recursos a un precio inferior al de mercado que invertir y desarrollar una industria, así que no sorprende que algunas empresas caigan en esta tentación.

- En segundo lugar, los precios de los recursos naturales son volátiles y es difícil controlar esta volatilidad. Los prestamistas proporcionan dinero durante las épocas de bonanza, pero quieren que se lo devuelvan cuando, por ejemplo, los precios de la energía caen en picado (como dice el viejo refrán, a los bancos sólo les gusta prestar a quienes no necesitan dinero). De esta forma, la actividad económica es incluso más volátil que los precios de las mercancías y buena parte de los beneficios obtenidos en el momento de auge desaparecen en la siguiente crisis.

- En tercer lugar, el petróleo y otros recursos naturales, a pesar de que pueden ser una fuente de riqueza, no crean por sí mismos puestos de trabajo y, por desgracia, a menudo provocan la exclusión de otros sectores económicos. Por ejemplo, una afluencia de dinero hacia el petróleo provoca la apreciación de la moneda, un fenómeno denominado síndrome holandés.
Holanda, tras descubrir gas y petróleo en el mar del Norte, se vio afectada por un desempleo creciente y una discapacidad de la mano de obra (muchos de los que no conseguían trabajo descubrían que las prestaciones de las bajas por incapacidad eran más generosas que las prestaciones por desempleo). Cuando la tasa de cambio se dispara debido al auge de los recursos, los países no pueden exportar mercancías manufacturadas o agrícolas y los productores locales no pueden competir con la avalancha de importaciones.
Por consiguiente, a menudo la riqueza natural abundante crea países ricos con habitantes pobres. Dos tercios de la población de Venezuela, el país latinoamericano con mayores reservas petrolíferas, viven en la pobreza. No es de extrañar que exijan que el reducido grupo que se beneficia de la riqueza del país empiece a compartirla.
Por fortuna, a medida que hemos tomado conciencia de estos problemas, hemos aprendido mucho sobre lo que podemos hacer para contrarrestarlos. Los procesos democráticos, consensuales y transparentes -como los de Botsuana- tienen más probabilidades de garantizar que los frutos de la riqueza de un país se gasten de forma adecuada y equitativa.
También sabemos que los fondos de estabilización -que retienen parte del dinero ganado cuando los precios se mantienen altos- pueden ayudar a reducir la volatilidad económica relacionada con los precios de los recursos naturales. Además, dichas fluctuaciones se amplían cuando se solicitan créditos durante los años favorables, por lo que los países deberían resistirse a aceptar las ofertas de los prestamistas extranjeros que intentan persuadirles de las virtudes de dichos flujos de capital.
Sin embargo, el síndrome holandés es una de las consecuencias de la riqueza en petróleo y en otros recursos más difíciles de superar, al menos para los países pobres. En principio, es fácil evitar que la moneda se aprecie: mantener fuera del país las divisas extranjeras obtenidas, por ejemplo, de las exportaciones petrolíferas. Invertir el dinero en Estados Unidos o en Europa. Introducirlo sólo de forma gradual. Pero, en la mayoría de los países en vías de desarrollo, se considera que dicha política supone usar el dinero del petróleo para fomentar la economía de otros.

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La "riqueza" de Indonesia

Algunos países, como Nigeria, están intentando aplicar estas lecciones. Nigeria ha propuesto crear fondos de estabilización y, en el futuro, venderá sus recursos naturales en procesos transparentes de licitación competitiva. Y, más importante, los nigerianos están tomando medidas para garantizar que se inviertan los frutos de esta riqueza; de forma que, a medida que los recursos naturales del país disminuyan, su riqueza real -activo fijo y capital humano- aumente.
Los gobiernos occidentales pueden ayudar con reformas de sentido común. Las cuentas bancarias secretas no sólo apoyan el terrorismo, sino que también facilitan la corrupción, que debilita el desarrollo. De manera similar, se fomentaría la transparencia si sólo se pudieran desgravar los gastos perfectamente documentados. Los conflictos violentos se ven alimentados y sus efectos empeoran con la masiva venta de armas que los gobiernos occidentales realizan a los países en vías de desarrollo. Habría que poner fin a esto.
La abundancia de recursos naturales puede y debería ser una bendición, no una maldición. Sabemos lo que debe hacerse. Lo que falta es la voluntad política para llevarlo a cabo.


Periodista Digital de España - 21 de Agosto de 2004
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