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HERRAMIENTAS

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Las Desviaciones del Materialismo Histórico II
 
Alberto J. Franzoia   
El Eurocentrismo
Por Alberto J. Franzoia
(¿Quién es Alberto J. Franzoia?)
Publicado digitalmente: 26 de junio de 2005

Así como en un anterior trabajo [1] señalamos el carácter vulgar de un materialismo que surge a parir de un abordaje fragmentado e insuficiente de la obra de Marx y Engels, otra desviación posible es la concepción unilineal de la historia, según la cual todas las regiones de la tierra han atravesado o deben atravesar por las mismas etapas o sociedades. Estas serían aquellas que están presentes en un texto que fue producido con fines prácticos y didácticos como el "Manifiesto Comunista", a saber: comunidad primitiva, antigua o esclavista, feudal, burguesa o capitalista, para concluir, previa dictadura del proletariado, en la sociedad sin clases o comunismo. Es decir, la historia del mundo se correspondería con una sucesión única de un conjunto de modos de producción, sin alternativas posibles. En otro texto tomado como referente por los defensores de la concepción unilineal, "Prólogo a contribución a la Crítica de la Economía Política", aparece en la sucesión única de etapas el problemático concepto "modo de producción asiático", utilizado por Marx pero desterrado por los estalinistas a partir del debate teórico que se dio en Leningrado en 1931. Desde entonces los soviéticos pretendieron vincular las características del mismo con la esclavitud, ignorando las claras diferencias marcadas por Marx. En realidad, el modo de producción asiático representa un serio inconveniente para todos aquellos que han intentado construir el socialismo desde el despotismo, ya que esta es una de las características que los fundadores del materialismo histórico le atribuyen a esa sociedad, que si bien carece de propiedad privada, no representa de ninguna manera una alternativa para el desarrollo libre e igualitario de los hombres.

Para interpretar los escritos fundantes de Marx y Engels resulta imprescindible comprender su metodología. Ésta, es tanto materialista como dialéctica. Materialista porque parte de la práctica (relación específica entre el sujeto y la realidad), desde la que construye la teoría como producto de una reflexión sobre la misma. Y dialéctica porque con esa teoría vuelve sobre la práctica para transformarla, en un proceso concatenado de modificaciones mutuas, ya que las nuevas prácticas generan siempre modificaciones en la teoría y viceversa. Por otra parte, esa teoría tiene dos niveles, uno abstracto que expresa las características generales de un tipo de sociedad (como la capitalista en sus formas más desarrolladas) cuyo papel es orientar la investigación, y otro concreto que se manifiesta en el estudio de casos específicos (como el capitalismo inglés en la segunda mitad del siglo XIX). Respetando estos principios los fundadores del nuevo paradigma centraron sus estudios obviamente sobre la realidad europea en la etapa del capitalismo de libre competencia, es decir, partiendo de su propia práctica. Por otra parte, por aquellos años la información disponible sobre el mundo periférico era mínima si la comparamos con la existente en la actualidad y tenía un sesgo etnocentrista. Cuando Marx y Engels desarrollan su trabajo intelectual, América Latina recién está gestando formas de organización política alternativas a la existente en tiempos del colonialismo clásico. Si no se considera este contexto se puede caer en el error de acusarlos de falta de rigurosidad a la hora de abordar aquella realidad ajena al capitalismo desarrollado. Sin embargo, ningún intelectual de la época tenía una idea acabada sobre lo que ocurría por estas tierras, incluyendo a todos aquellos que fueron tomados como referentes por el pensamiento nacional y "nacionalista", y esto es independiente de que se explicite o no quién es el referente.

Sin embargo, a pesar de los límites objetivos impuestos por el contexto histórico, Marx analiza en "El capital" el papel esencial jugado por la periferia en la constitución del nuevo modo de producción:
"El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: son hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos representan otros tantos factores fundamentales en el movimiento de la acumulación originaria" [2].
La conquista y colonización de América Latina no sólo no es ajena al desarrollo del capitalismo, sino que resulta fundamental como parte del sistema casi desde los inicios de éste. Diferenciándose de los ideólogos hispanistas que pretenden instalar la versión rosa de la conquista del nuevo mundo (como bien lo ha señalado Abelardo Ramos), o de los antropólogos evolucionistas que justifican la colonización de los pueblos "primitivos" en nombre de la civilización, Marx analiza con la mayor objetividad (que le permitía el siglo XIX) el papel desempeñado por estas regiones en la acumulación originaria de capital para el desarrollo del capitalismo. Por supuesto no fue ajeno a ciertos prejuicios de la época, pero sus aportes para la comprensión del proceso histórico superó con creces a éstos. Su error más significativo fue creer que la introducción de capital y tecnología de las naciones desarrolladas (como el ferrocarril en la India) promovería un desarrollo de las fuerzas productivas también en la periferia; pero es necesario aclarar que esta certeza se corresponde con un contexto en el que aún no se había constituido el imperialismo como etapa superior. Como el materialismo histórico empieza con Marx y Engels pero no finaliza con ellos, sino que continua produciendo aportes con nuevos exponentes a lo largo de su rica historia, es necesario recurrir a Lenin para comprender una nueva etapa que los científicos alemanes no estaban en condiciones de estudiar por su inmediatez. De la misma manera que para descubrir las consecuencias del imperialismo en la periferia hay que remitirse a los teóricos de la dependencia. Estos dos aportes son, a su vez, muy importantes para solucionar otro error de Marx propio de la época en que realizó su trabajo intelectual, como fue el considerar que la cadena de la explotación capitalista internacional se cortaría a partir de los eslabones más fuertes, es decir, los países más desarrollados.

La concepción unilineal de la historia, con toda su carga eurocentrista (ya que se remite a la historia de Europa), deja de lado ciertos análisis fundamentales realizados por Marx y reafirmados por Engels. Si bien el origen común de la humanidad es efectivamente la comunidad primitiva; Marx aborda distintas formas de disolución de ésta que exceden el simplismo expresado por aquellos seguidores que sólo identifican a la sociedad esclavista como continuidad. Aunque en "Prólogo de contribución a la Crítica de la Economía Política"(1859) Marx incorpora a la sucesión de modos de producción del "Manifiesto" (1848) el asiático, sigue presente un modelo simplificado (nivel abstracto) que no expresa toda la riqueza de su pensamiento.
Comparando este texto con su análisis más específico sobre las formaciones económicas precapitalistas, que integra los por muchos años ignorados "Elementos fundamentales para la crítica de la economía política" de 1857 [3] publicados completos por vez primera en Moscú en 1939-41 (pero difundidos recién a parir de la edición en Berlín durante 1953), surge que no todas las regiones del planeta siguieron linealmente estas etapas en su devenir histórico, como pretendió demostrar una versión unilineal difundida especialmente en tiempos del predominio estalinista.
Ninguna de las formaciones analizadas allí adquiere un carácter universal; mucho menos la sucesión rígida y supuestamente inevitable presentada por ciertos "marxistas" que no favorecieron un estudio científico de la cuestión. Entre ellos ocupa un lugar preponderante, por la influencia ideológica que ejerció, el propio Stalin. La disolución de la comunidad primitiva de los tiempos prehistóricos (que sí fue universal) condujo a diversas alternativas, entre las que encontramos tanto las formaciones asiáticas como la antigua, que por lo tanto son consideradas por Marx en una coexistencia histórica ausente en el abordaje más general y sintético del Prólogo.
Ambas son acompañadas en este período por otras dos formaciones: eslava y germánica. Al feudalismo, por otra parte, tampoco se le asigna un carácter universal, ya que sólo en Europa generó la ciudad medieval, espacio económico y social a partir del cual brota como consecuencia del desarrollo artesanal y comercial el capitalismo. En este punto es necesario aclarar que los estudios tanto de Marx como de Engels, no son suficientes en relación con la particular historia de Japón, donde la presencia de la formación económica feudal fue muy significativa. Por otro lado, ambos pensadores consideraron en sus últimos años, que existieron formas intermedias de semifeudalismo. Muchas décadas después, Humberto Melotti, retoma el enfoque de los cientistas alemanes para abordar las formaciones de los países menos desarrollados, incluyendo variaciones semiasiáticas en la historia tanto de Rusia como de China, y un interesante planteo en cuanto a desviaciones que se dieron en relación con el socialismo en dichos países, lo que los condujo al "colectivismo burocrático" [4].

El trabajo de Melotti es un aporte digno de ser considerado porque partiendo del estudio riguroso de trabajos de Marx durante mucho tiempo ignorados o poco conocidos, llega a formular un modelo multilineal para abordar la historia mundial desde el materialismo histórico. Según éste, a partir de las diversas formas de disolución de la comunidad primitiva, formuladas por Marx en los "Elementos fundamentales", y tomando en cuenta también que la formación feudal no tuvo un carácter universal, se pueden observar distintas y simultáneas líneas de desarrollo histórico en diversas regiones, incluyendo el tercer mundo. Por ejemplo, Rusia no tuvo feudalismo sino una formación semiasiática, desde la que se inició, con la influencia de factores externos, un tránsito hacia el capitalismo. Éste, que nunca alcanzó el desarrollo de las potencias europeas, generó condiciones particulares para la revolución socialista conducida por Lenin. Sin embargo, las condiciones objetivas con las que se encontraron los revolucionarios (persistencias de la sociedad semiasiática, un capitalismo muy insuficiente, aislamiento internacional), junto con las desviaciones políticas e ideológicas del estalinismo, condujeron a la Unión Soviética a una formación no socialista que Melotti denomina colectivismo burocrático (sociedad sin propiedad privada pero con un Estado en el que la burocracia se constituye como sujeto social dominante). Más allá de los méritos de este enfoque, el autor cae en un error curiosamente etnocentrista, al considerar que la revolución socialista para triunfar debe iniciarse en los países de capitalismo más desarrollado, con lo que regresa a un viejo error de Marx pero con la circunstancia agravante de estar viviendo la plenitud del imperialismo. Aún así cumple con el objetivo central de su trabajo, consistente en demostrar el carácter no unilineal que ha tenido la historia universal si nos atenemos con rigor al pensamiento del científico alemán.

La mayor dificultad para aquellos que intentan analizar el materialismo histórico desde una postura tan excedida de prosa como huérfana de investigación, radica en que es un paradigma de la política y la ciencia social muy desarrollado. No sólo la obra de Marx y Engels es extensa y compleja, sino que además, hay una continuidad hasta nuestros días de nuevos y valiosos aportes.
Desde Lenin y Gramsci hasta la teoría de la dependencia el camino recorrido es inmenso. Así como en su primera etapa fueron casi excluyentes las producciones intelectuales europeas, las surgidas en el siglo XX en el mundo dominado han representado una parte nada menor de los avances teóricos más recientes. Por supuesto no han estado exentos de obstáculos, errores, momentos de desconcierto (con el inicio de la posmodernidad) y hasta ciertas claudicaciones como las de Abelardo Ramos y Fernando Cardoso en nuestra América Latina (lo que no representa de todas maneras una excusa para ignorar u ocultar sus méritos anteriores).

Las críticas más frecuentes suelen ser consecuencia de una abordaje incompleto y prejuicioso, en el que la reiteración de viejos lugares comunes reemplaza a la investigación seria, metódica, alejada de las conveniencias políticas de la coyuntura.
No escapan a estas circunstancias ciertos académicos poco rigurosos, que no le hacen ningún favor al desarrollo de las disciplinas sociales. El "Manual de Sociología" de N. Timasheff, por ejemplo, pretende desacreditar a Marx en un "análisis" de cuatro páginas que lleva como sugerente título "el determinismo económico", ignorando desde ya el papel asignado por el materialismo histórico a la superestructura en los grandes cambios de la historia. En un trabajo sobre la estratificación, B. Barber, confundiendo los distintos niveles teóricos con los que se maneja el científico alemán, le adjudica la ingenua teoría de una sociedad concreta con sólo dos clases: burguesía y proletariado, sin considerar que dicha esquematización corresponde al nivel de la teoría abstracta.
En otro manual, en este caso de dos argentinos (H. Martinotti y R. Pereyra) que, como es tan habitual en nuestro país, sin acreditar una formación específica pretenden dictar cátedra de sociología, se sostiene en un análisis de una página que Marx no realiza ningún aporte sociológico relevante, cuando aún un alumno de los primeros años de la carrera sabe que la teoría de las clases sociales y sus conflictos es fundamental y que los principales referentes de la sociología de fines del siglo XIX y principios del XX desarrollaron su obra debatiendo, como diría Zeitlin, "con el fantasma de Marx" [5].

Es común también que el análisis del paradigma se limite a Marx, o en el mejor de los casos incorpore a Engels y Lenin. Por supuesto la mayoría de estos críticos no incluyen los valiosos aportes realizados desde regiones pertenecientes al mundo dominado, como es el caso de nuestra América Latina. Pero además, como suelen confundir método con teoría (dos componentes igualmente necesarios pero distintos de la ciencia social), se considera imposible producir una teoría apta para nuestra realidad recurriendo al materialismo dialéctico al que se lo desacredita por formar parte de una concepción eurocéntrica. Si bien aclarar las diferencias entre método y teoría puede resultar farragoso en un foro dedicado básicamente al debate político, es necesario decir en muy pocas palabras que los métodos y técnicas de investigación no son nacionales o antinacionales, ya que sólo constituyen caminos y herramientas para construir un producto llamado teoría. Ésta en cambio sí lo es, ya que expresa correcta o incorrectamente la realidad y posibilidades de desarrollo del objeto abordado, en este caso la Nación, a partir de cómo se ha utilizado el método.
Un martillo, independientemente de su origen, sirve en cualquier lugar del mundo para colocar clavos, pero si no lo sabemos utilizar sólo sirve para golpearse los dedos (también en cualquier lugar del mundo). Si los métodos tuvieran nacionalidad uno de los maestros del pensamiento nacional, Don Arturo Jauretche, hubiera sido un cipayo por recurrir al método inductivo que, como sabemos, fue creado antes que la Argentina existiese en el globo terráqueo.
Se podrían dar un sin número de ejemplos para demostrar el carácter absurdo de argumentos de este tipo.

Cuando el método formulado por Marx y Engels se utiliza correctamente, partiendo de la práctica en un contexto específico, para dialécticamente producir una teoría como consecuencia de la reflexión sobre ella, conscientes de que entre la teoría general (abstracta), y las teorías específicas (concretas) hay diferencias que ya fueron expresadas por los fundadores, como señalamos en nuestro anterior trabajo [6], surgen aportes valiosos como los de la izquierda latinoamericana, que rompiendo con la tradición eurocéntrica ha tenido el mérito de utilizar adecuada y creativamente el método para producir la teoría de la izquierda nacional y la teoría de la dependencia.
Así, por ejemplo, desde la izquierda nacional se formula una teoría de las clases sociales para nuestro contexto, en la que la clase dominante resulta ser la oligarquía, clase que como ya sostuvimos en anteriores oportunidades es capitalista pero no burguesa y que con su comportamiento ha inhibido el desarrollo de una economía autosostenida. De allí surge el reconocimiento del papel progresivo que expresaron los frentes nacionales conducidos por una ideología nacional-burguesa, como el caso del peronismo, como así también la necesidad de superar en cierto momento de su desenvolvimiento los límites del sistema adoptando decisiones socialistas. Por otra parte, desde la teoría de la dependencia se estudia con rigurosidad la relación dialéctica entre los países dominantes y los dominados dentro de un sistema capitalista único, desentrañando los mecanismos que permiten financiar el desarrollo del "primer mundo" a costa de nuestro subdesarrollo. Estos son sólo algunos ejemplos de los aportes concretos gestados desde la correcta utilización del materialismo dialéctico. Para finalizar, es necesario reconocer que también un sector de la izquierda en América Latina se ha dedicado ha operar por la vía deductiva (por lo tanto no dialéctica), convirtiendo al materialismo histórico en una teoría eurocéntrica, ya que deduce sus análisis y propuestas de las producciones gestadas originalmente para dar respuestas a la realidad del viejo continente. Sin embargo, este reconocimiento de ninguna manera sirve para justificar a todos aquellos que montados en la confusión, pretenden ignorar los aportes meritorios de la izquierda latinoamericana, pues éstos constituyen una sólida base teórica para iniciar el camino de la reconstrucción de nuestra Patria Grande. Desde ya el socialismo del nuevo siglo deberá producir nuevos aportes que respondan a los desafíos de la hora, pero los mismos sólo pueden ser producto del desarrollo, profundización y actualización del materialismo histórico y dialéctico, no de rupturas con el paradigma como pretenden sus adversarios.

Alberto J. Franzoia
albertofranzoia@yahoo.com.ar
La Plata, junio de 2005

NOTAS:

[1] Franzoia, Alberto: "Las desviaciones del materialismo histórico: el materialismo vulgar", publicado digitalmente en el Foro Reconquista Popular, abril de 2005.

[2] Marx, Carlos: "El capital", tomo 1, p. 638,, Fondo de Cultura Económica, México, 1982.

[3] Marx, Carlos: "Elementos fundamentales para la crítica de la economía política", primera edición en castellano en 1966.
Marx, Carlos y Hobsbawm, Eric: "Formaciones económicas precapitalistas", Editorial Pasado y Presente, México, 1971.

[4] Melotti, Humberto: "Marx y el tercer mundo", Amorrortu editores, primera edición en castellano en 1974.

[5] Zeitlin, Irving: "Ideología y teoría sociológica", Amorrortu editores, primera edición en castellano en 1970.

[6] Franzoia, Alberto: trabajo ya citado


© Alberto J. Franzoia
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